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El Garrahan y la salud pública en CABA: Es la hora de luchar pero no de cualquier modo.

  • Nahuel Guinnard
  • 16 nov 2025
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 18 nov 2025


A partir de las experiencias del Garrahan y del Bonaparte, Nahuel Guinnard plantea un balance del proceso en curso, reflexionando sobre obstáculos y aciertos; un valioso aporte a la construcción del "largo camino que tenemos por delante para defender y construir una salud pública de calidad".



por Nahuel Guinnard*


Escribo estas líneas al calor del aumento del 61% logrado en el básico por lxs compañerxs del Hospital Garrahan, que marca un norte en un contexto sumamente difícil. No es menor que el resultado electoral no haya hecho fracasar esa lucha, habiendo podido conquistar una victoria en el largo camino que tenemos por delante para defender y construir una salud pública de calidad. El Garrahan se suma así a la experiencia del Bonaparte: dos lugares donde el gobierno nacional no pudo avanzar plenamente en sus objetivos debido a la organización de lxs laburantes, así como al gran apoyo popular con que cuentan esos efectores. En ambos casos se armaron grupos de pacientes y familiares en defensa de lo público, con organizaciones de base sumándose a los conflictos. Costará mucho todavía pasar de un momento defensivo, en el caso del Bonaparte la lucha contra el cierre, a una etapa en la que se recupere lo perdido. Sin embargo, las dos experiencias nos dejan interrogantes para analizar lo que ocurre en CABA y las perspectivas de futuro, nos invitan a un balance del proceso en curso, reflexionando sobre obstáculos y aciertos.

Tengamos en cuenta para empezar algunos elementos de la situación general de la salud pública en la ciudad durante 2025. En primer lugar, observamos que se arrastran los efectos del ajuste del presupuesto que viene ocurriendo año a año (lo que se evidencia en los faltantes periódicos de fármacos e insumos), en este contexto encontramos un salario actual relativamente estable con tendencia a la baja. A su vez, el gobierno sigue avanzando con la implementación de las agendas, que miden las prácticas en salud en términos de cantidad de gente atendida en el menor tiempo posible, con un impacto negativo en las tareas asistenciales, pero también en el trabajo en equipo, en la interdisciplina, en la promoción y prevención de la salud. Añadamos también que la disputa en salud pública no es solo presupuestaria: desde hace algunas semanas Macri envía ONGs evangelistas a los centros de salud a predicar contra el aborto. En esta línea y en consonancia con las políticas de género a nivel nacional, en 2023 se cerraron dos Centros Integrales de la Mujer. A la par que avanzan dichas políticas se intensifica la gravedad de la situación epidemiológica nacional, en el contexto de la precarización de las condiciones de vida. 

En cuanto a lxs trabajadorxs de la salud, si bien ocurrió cierta movilización los últimos dos años en torno a las marchas universitarias y el apoyo a los hospitales mencionados, no hubo un repunte en la organización y la lucha al nivel de lo ocurrido en 2019 y 2022 con los procesos llevados adelante por residentes y concurrentes. Por el contrario, lo que crece es una economía que empuja al individualismo y que se expresa en el pluriempleo como única alternativa creíble para intentar sostener el nivel de vida, lo tiene como resultado el aumento de las horas laborales y la precarización del salario. A su vez, las principales asociaciones de profesionales son cáscaras vacías de participación que actúan como meros intermediarios con el gobierno, sin ser instancias donde lxs trabajadores podamos conocernos, intercambiar y tener un rol activo que nos permita construir una agenda propia. Ante cualquier reclamo devuelven la idea de que nada puede hacerse, y en el mejor de los casos llaman a esperar a 2027. Sumamos a este escenario que en 2025 la lista del gremio médico que impulsa junto al GCBA la fragmentación de la carrera profesional arrasó con 5591 votos (el 78%), casi sin discusión en los efectores sobre la implicancia de dicha propuesta. Recordemos que la Ley n° 6035 regula las condiciones laborales para los profesionales de la salud pública en CABA, estableciendo cuestiones comunes para las profesiones que contempla, tales como forma de ingreso, licencias y remuneración. Sancionada en 2018, dejó por fuera a la carrera de enfermería profundizando la brecha salarial y las asimetrías en los equipos de salud. A través de separar ahora la carrera médica el gobierno y la burocracia sueñan con quebrantar la unidad de lxs trabajadores, ya que tienen en claro que sin ella no hubiese sido posible la recomposición salarial lograda en 2022.

Por último, hay que decir también que desde ciertos sectores militantes hubo un intento de reactivar la lucha a principios de 2025, con la Marcha Federal por la Salud, que fue un fracaso no solo cuantitativamente sino en capacidad de proyección, abonando a la lógica de las movilizaciones como un fin en sí mismo. Está claro, por si había dudas, que no vamos a conseguir nada con marchas aisladas convocadas por decenas de organizaciones pequeñas y algunos influencers, sin construcción real sostenida en el tiempo en los espacios de trabajo. Estos intentos, como los encuentros, jornadas, etc. que suceden de forma esporádica, cumplen la función de agotar y desmoralizar. Todo lo contrario de la experiencia de 2022: un proceso de asambleas de residentes en cada hospital y centro de salud que construyó un paro indeterminado hasta ganar. Completamente lo opuesto también de la experiencia del Garrahan: una lucha sostenida durante meses con múltiples instancias de articulación desde abajo y entre distintos sectores.

De lo dicho me gustaría rescatar dos cuestiones. Por un lado, dimensionar que el deterioro de la salud pública se profundiza con LLA pero excede al gobierno nacional, contando el ajuste en salud con múltiples aliados, desde los grupos antiderechos hasta la tendencia al individualismo y la desilusión para con los procesos colectivos que permea el cuerpo social. Por otro lado, valorar una vez más el apoyo masivo que construyó el Garrahan, temática que unifica a la población más que las urnas y clave quizás de la victoria. Lxs laburantes tenemos que tener en cuenta esos dos aspectos si queremos proyectar un futuro: el proceso histórico en el que estamos, las posibilidades de resistencia. En este camino la unidad de lxs trabajadorxs (profesionales, no profesionales y usuarixs) resulta un paso fundamental para resistir, que precisa operativizarse de forma concreta. Muchas veces para abordar una situación clínica nos encontramos de modos creativos, salteando ordenamientos institucionales y gremiales llevamos adelante abordajes interdisciplinarios, que integran a lxs usuarixs, sus familias y actores de la comunidad. Se trata de profundizar y politizar esas redes que ya existen. No a modo de abstracción bienintencionada sino prácticamente, pudiendo ir formalizando un núcleo militante que pueda planificar tareas políticas acordes a la coyuntura general y a la situación en cada efector, definiendo intervenciones junto a la población en torno a temáticas que resulten estratégicas para fortalecernos. Dichas intervenciones se definen por eso mismo: aumentar la fuerza de quienes participan de ellas. No importa tanto si es una marcha, un partido de fútbol, una charla, un cine debate, un bingo, etc. Lo que cuenta es el proceso en el que se inscriben, que no sean digitadas externamente sino pensadas por los propixs involucradxs, que tengan un fin solidario y de lucha, qué haya unos objetivos de la tarea, una planificación, un balance, qué se propaguen hacia otros territorios; un movimiento subjetivo grupal. Para decirlo con un ejemplo: no es lo mismo sacarse una foto en apoyo a la salud pública para postear en una red social que hacer una campaña de difusión sobre el Garrahan en el barrio desde un colectivo de laburantes. Una acción construye referencia individual y se agota en la finalidad de “visibilizar”, la otra puede colaborar en el armado de un grupo. Sólo así, a partir de este segundo tipo de acciones, podremos luego, paso a paso, pensar en cuestiones de mayor calibre y centrales para el momento histórico, como construir un gremio unificado y democrático. Es la hora de levantar una esperanza anclada en la realidad, en la fuerza de un proyecto colectivo que es nuestra tarea comenzar a reconstruir. Una labor que requiere reflexión, tiempo, intensidad.


* Nahuel Guinnard

Médico psiquiatra en Cesac n° 24.



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