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El silencio de los fascismos


Crédito de la imagen: Ned Asta


En el siguiente texto del Dossier Psicoanálisis y Modernidad, Erik Navarro Cnobel cuestiona el lugar de los silencios en el psicoanálisis en relación a placeres y cuerpos que la modernidad ha ubicado como no mandatarios.



*por Erik Navarro Cnobel


 

Pregunta Derrida a un grupo de psicoanalistas en el Gran Anfiteatro de la Sorbona en el año 2000: “¿Cuál es la queja del psicoanálisis? ¿De qué se quejan? ¿Ante quién?”[1]. Sin saber a qué se refiere el filósofo francés específicamente (sinceramente, no es sencillo para quienes venimos del campo “psi”), y tomando su gesto, me propongo hacer una interpretación libre de las preguntas. Tomarlas hacia donde dispara el pensamiento, descontextualizándolas del texto, tomarlas por sí solas, como si fueran significantes que insisten (tomando el gesto psicoanalítico ortodoxo), sin importar en qué momento fueron pronunciados ni en relación a qué (que no sean otros significantes, quitándoles territorialidad, velocidad, cuerpo).

¿Cuál es la queja del psicoanálisis hoy en día? Empecemos planteando que es una pregunta mal armada ya que no podemos hablar de UN psicoanálisis, sino de varios -aclaración ya obvia, pero no por eso innecesaria-. Sin embargo, vamos a tomar el psicoanálisis aprendido en los circuitos oficiales, y en los mainstream y ejercido por psicoanalistas mayoritarios, aquel psicoanálisis duro, que ha suplantado a Freud por Lacan (o que lee a Freud a partir de Lacan), el mal llamado psicoanálisis hegemónico. Leyendo teorizaciones actuales, parece, a primera vista (y no hay que ser un gran vidente), se queja de los cuerpos y de los placeres. Pero ¡ojo!, no se queja de cualquier cuerpo ni de cualquier placer. Lo que le es incómodo son aquellos cuerpos y placeres que no condicen con La Norma. Se quejan -y teorizan hacia la derecha- (no sabemos ante quién, quizás ante elles mismes) de la multiplicidad de cuerpos y placeres que históricamente han estado sin acceder a tratamientos psicoanalíticos y hoy les nombran como “nuevas presentaciones”, siendo nuevas para elles, porque nunca han mirado los subsuelos de la historia a pesar de estar obsesionados con lo profundo, teniendo un lapsus constante sobre este pliegue de la superficie. ¿Son nuevos los cuerpos trans? ¿Son nuevos los usos de placeres no heterosexuales? ¿Son nuevas las formas de habitar un cuerpo desde la fluctuación de los géneros, placeres, gustos? Falta lectura de archivo, porque el archivo - ¿oficial? - está en constante armado. Pero Perlongher, Lemebel, Anabitarte, Artaud, Copi, Puig, vienen hace rato…

¿Qué tiene de novedoso para decir el psicoanálisis de los cuerpos no-normativos? Respuesta: nada.

¿Puede acompañar une psicoanalista a una persona con un cuerpo no normativo? Respuesta: sí.

Segunda intervención a la pregunta de cuál es la queja del psicoanálisis hoy en día. Se queja del yo, de la identidad. Pero se queja de ciertas identidades. La idea acerca de la matriz imaginaria del yo y de la identidad, que se apoya sobre una base simbólica no sé si es cierta o no. Sí puedo aseverar que está pensada desde ciertas identidades mayoritarias. La construcción de la identidad no es un problema solo individual, singular, sino también, y fundamentalmente, político-comunitario. Para las personas que escapamos a la identidad cis-heterosexual, la constitución de una diferente, nueva, es de por sí un acto creador, performativo, que puede cambiar vida(s). La identidad puede posibilitar el lazo con otres, puede ofrecer un refugio ante un mundo cada vez más hostil con aquellos que no gozamos del privilegio de La Norma. ¿Cómo pararse ante el mundo productor de identidades sin identidad? La pregunta quizás no debería ser sobre una nueva identidad (por sí o por no), sino sobre qué identidad(es) se irá a transitar en una vida. ¿Una identidad mayoritaria o minoritaria? ¿Una identidad mayoritaria en la minoría? ¿Una minoría minoritaria?

El intento de desidentificación propio del psicoanálisis supone en su basamento una idea de la no necesariedad de la presencia. Y para cuerpos acostumbrados a habitar los subsuelos de las ciudades, las oscuridades, la presencia desde otro lugar se vuelve aliviante -en determinados contextos, en determinados lugares.

¿En un país con desaparecidos, es posible proponer una desaparición yoica? ¿Qué problemas políticos trae esto aparejado? ¿Con qué fascismos estarán componiendo? ¿No será, por el contrario, que se quejan de que su identidad “natural” -mayoritaria- está siendo cuestionada, de que su presencia ha colaborado históricamente con la resistencia a proyectos emancipatorios de las minorías? ¿Qué relación hay entre el silencio “del muerto” de los psicoanalistas y el silencio cómplice de muchos psicoanalistas ante la desaparición forzada de personas -algunxs de ellxs colegas- en la dictadura? “Al fascismo no se le discute, se lo destruye” decía Durruti. ¿Cómo hacer silencio cuando un paciente desea el fascismo, desea la represión, su “propia” represión? El combate sabemos que no está en el plano de las ideas, del saber, sino, por el contrario, en el plano de los afectos.

¿Quién se atrevería a hacer silencio ante un acto de desalojo radical de la otredad, de la crueldad -de cualquier tipo- sobre la otredad? ¿Cómo estamos pensando las afectaciones? Si un análisis no sirve para afectarsede otra manera, me pregunto entonces cuál es su objeto. Pensarse por fuera del campo de las legalidades y los derechos (no solo humanos) hoy en día, tiene tufillo fascistoide. Todxs podemos desear el fascismo, acá nadie está exento. El problema es qué hacemos cuando ese deseo nos habita, ya sea como analistas, ya sea como analizantes, ya sea como sujetos de derechos, como sujetos del inconsciente o/y como sujetos sujetados. Cómo componer con líneas clínicas que estén en consonancia con el derecho a la ternura que exigía Paquito Jamandreu. Derecho imposible y por ello verdadero.

[1] Derrida, J. (2015). Estados de ánimo del psicoanálisis. C.A.B.A. Ed. Paidós.



*Psicólogo. Maestrando en Estudios Interdisciplinarios de la subjetividad. Activista de la Secretaría de Salud Mental Integral de la FALGBT.



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