La casa oscura: El trabajo de echar luz en la oscuridad

Actualizado: 27 jul


Un show documental sobre la salud mental que visibiliza los mandatos de la época en torno a la felicidad como exigencia, la evitación del dolor y la dificultad para socializar el sufrimiento.

*Por Agustina Toso y Bárbara Villafañe


Mariela Asensio y Maruja Bustamante presentan “La casa oscura”, un show documental sobre la salud mental.

La obra pone en escena a dos amigas actrices y dramaturgas que, a libro abierto y con múltiples recursos expresivos, cuentan sus experiencias en relación a la salud mental. Las protagonistas van cantando y contando sus tribulaciones, compartiendo y nombrando sus sufrimientos.

A partir de monólogos, discusiones, momentos de improvisación, clips musicales que se proyectan mientras las actrices cantan en vivo, coreografías y mensajes de audio que muestran los hilos documentales, ellas van armando una trama en donde aparece permanentemente el humor y la posibilidad de reírse de sí mismas sin perder el respeto por sus sus formas singulares de sentir.


Una de ellas; se presenta agresiva, potente, acelerada, meticulosa y va llevando la obra. Por momentos se muestra enojada e intolerante con su compañera que “llega tarde” y parece irritarla con su ritmo melancólico que le hace perder la efectividad de su propuesta escénica. La otra; desde el inicio puede mostrar abiertamente sus miedos paralizantes, su vulnerabilidad y lo difícil que le resulta vivir en este mundo. A pesar de sus diferencias, ambas se encuentran con la imposibilidad de sentirse bien.


Y esta dificultad es el motor para que las actrices vayan relatando sus recorridos en búsqueda del bienestar. Ellas recurren a métodos diferentes: Una repite que es lógica y racional -“dame ciencia”; quiere explicaciones rigurosas para entender lo que le pasa y rechaza cualquier otro tipo de terapéutica que le recomienden para “estar bien”.

La otra va acudiendo a distintos saberes alternativos: a la lectura de la borra del café, el iching, el tarot, el mindfulness, el reiki o la astrología. Un camino en el que se encuentra con osteópatas abusadores y personas que le dicen lo que tiene que hacer para ser feliz, no sin antes cuestionar su forma de vida, casi sin conocerla y con total liviandad. Y cuando finalmente recurre a una consulta psiquiátrica en un hospital se ve como “la ciencia” mal paga, anestesiada y mecánica le receta rápidamente psicofármacos. Cuando la paciente interroga las causas de su malestar, se le da una respuesta cercana a la ciencia ficción, infantilizada y con terminología de las neurociencias. El humor y el absurdo es lo que las (y nos) rescata todo el tiempo y devela ese intento de clasificar todo, de poner las palabras exactas, de saber sobre esa angustia que arrasa y ese modo singular de vivirla que nunca se puede abarcar y mucho menos en una consulta de quince minutos.


La obra incomoda a lxs espectadores que forman parte del mismo clima de época en donde no hay tiempo para detenerse y escuchar. Y mucho menos a personas que expresan su sufrimiento, relatan situaciones dolorosas, exponen el sinsentido y muestran su falta poniendo pausa a la productividad, al éxito y al mandato de felicidad. Por eso resulta reparador el final en donde aparece el agradecimiento a los amigos y familiares que pudieron acompañar esos momentos dolorosos donde el miedo crece y se pierden las coordenadas.


Sin dudas lo más interesante y conmovedor de la obra es esa forma particular que encontraron juntas de contar, actuar, poner en escena y volver a presentar su dolor y su oscuridad en un show donde los cuerpos también se ponen en juego para poder iluminar la casa oscura.


La obra se puede ver este jueves 28 de julio a las 21 hs en el Galpón de Guevara y el miércoles 24 de agosto a las 20 hs en la sala Caras y Caretas, Ciudad de Buenos Aires.


*Agustina Toso, psicóloga, docente e investigadora: agustinatoso@gmail.com

Bárbara Villafañe, psicóloga y Lic. en ciencias de la comunicación: barbara.villafane@gmail.com