Razón del pensamiento técnico en psicoanálisis





El pensamiento técnico supone una oportunidad para pensar lo se hace y saber lo que se piensa, también poner en juego lo que nos pasa en la clínica que desarrollamos.


por Pablo Tajman y Juan Pablo Puleiro

Razones y objetivos:

El punto de partida es la delimitación de un problema en el psicoanálisis que nos ha tocado: se dice que no hay técnica. A partir de los cuestionamientos realizados por Lacan a la rigidización de aquella por el psicoanálisis kleiniano, se ha vuelto costumbre la asimilación de cualquier interés por la razonabilidad del quehacer de lxs analistas con una voluntad de estandarización que expulsaría la archicuidada singularidad del sujeto.

Por ello, intentar establecer herramientas prácticas centradas en volver clínicamente operativos nuestros conceptos parece fuera de lugar, en tanto es emparentado con una razón psicoterapéutica adaptativa que nuestrxs teóricxs (o representantes de estxs) pretenden expulsar del psicoanálisis. Así nos encontramos con supervisiones en la que no pueden jerarquizarse las intervenciones (realizadas, virtuales y posibles) y que en muchas ocasiones nos llevan a creer que no hay transmisión posible más allá de la teoría, no logrando comprender la orientación de nuestras intervenciones al no poder evaluarlas. Queda así excluida la posibilidad de aprender de las experiencias clínicas que vamos haciendo, a menos que se trate de evaluar en nuestros análisis alguna cuestión propia que se haya “filtrado”, pero lo que queda excluido es poder pensar sobre las intervenciones en sí mismas, en sus virtudes pero también en sus límites, cuestionando en este acto lo que una escuela en psicoanálisis propone como de alcance universal.

A contrapelo de ello, y sin por eso dejar de contemplar las derivas tecnócratas presentes en la historia de nuestra disciplina, consideramos posible y necesario la construcción de un territorio de reflexión que bien podría nominarse el pensamiento técnico. Este supondría, tanto la recuperación crítica de un amplio legado realizado por analistas preocupadxs por la elucidación de herramientas técnicas y/o metodológicas, como la ampliación de este tipo de pensamiento proponiendo un trabajo de construcción de otras herramientas a partir de nociones que, siendo plenamente abstractas, necesitan de un trabajo de operativización técnica para que arrojen sus virtudes clínicas. Por otro lado, pensamos que en un nivel más concreto y situado, un pensamiento técnico así entendido, debiera aspirar a la reflexión en torno al sentido de las intervenciones, estableciéndose este no solo “après-coup” sino en función de las potencias performativas que orientarían las mismas, así como también tendiendo a jerarquizar nuestro que-hacer como eje principal de los dispositivos de supervisión, co-visión o como elijamos formular los espacios que nos damos para re-pensar nuestra clínica. Al hablar de potencias performativas, entendemos que nuestros modos de intervención dan forma a la situación clínica de la que se trata en lugar de pensar que a la situación clínica la “encontramos” tal cual es y a partir de eso intervenimos.


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