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Concurrente (ellos también tienen inconsciente)



En esta segunda parte del texto, se despliega la intensa, contradictoria y fecunda experiencia clínica, profesional, ética y existencial de Concurrente en relación a diferentes coordenadas institucionales: los grupos terapéuticos, el trabajo en equipo, el trabajo no rentado, el tiempo, el dinero…



por Ariel Antar Lerner*



VI. La clínica, los grupos


Concurrente a veces se pregunta por qué va a trabajar gratis al hospital. Un día se contesta: porque este trabajo comunitario en lo público me mueve, me entusiasma.


En el servicio, Concurrente atiende pacientes en terapia individual y participa también como co-terapeuta en varios grupos terapéuticos. Los grupos son coordinados en co-terapia por al menos dos psicólogos o por un/a psicólogo/a y un/a psiquiatra.


Pensamientos de coordinador: No sé qué decir. La cantidad de información me apabulla. ¡Hoy vinieron demasiados! Y pensar en que los pacientes se dan cuenta de que no estoy interviniendo me pone todavía más nervioso.


Dice Marcelo Percia que escuchar es entrar en un tembladeral.

Hay delirios que dan risa. Explicaciones bizarras, rebuscadas, absurdas, inverosímiles.

Hay alucinaciones que dan escozor de sólo escucharlas.

Hay decires que transmiten la desolación.

Cuando se sufre en condiciones de pobreza, de destrato, de destejido social, a veces parece que ya no queda nada.


Concurrente anota: cuántas, pero cuántas texturas, superficies, matices y profundidad que tiene el malestar. Nadie sabe –tampoco– lo que puede sufrir un cuerpo.


Concurrente se armó un botiquín de frases, propias y ajenas [1], hilitos de donde agarrarse antes de bajarse del bondi en el hospital.


Una frase del botiquín: obrar desde el impoder es renunciar a la omnipotencia y a la impotencia. Si impotencia es orgullo herido que pretende todo, impoder es potencia de lo limitado, es un no poder hacer nada que libera potencias de lo clínico.


Cuando Concurrente atiende a ese paciente en terapia individual, a veces tiembla. El paciente parece hecho de cristal. Una palabra demasiado fuerte puede quebrarlo. Una vez, cuando recordó su primera crisis (una fuerza divina se había apoderado de él y empezó a correr, a doblar las piernas, a tirarse al piso, a darse la cabeza contra la pared), comenzó en sesión a agitarse, después a sacudirse y sacudirse cada vez más, como un lavarropas que no paraba. Cuando el arrebato acabó, el paciente dijo: “Me eligieron. No sé si me vas a entender. Es muy grosso lo que me pasa, muy grosso”.


Una frase del botiquín: no tengo un grupo, ni un paciente. Porque no me pertenece, no es mío. Y porque no lo manejo, no lo sostengo, lo que me alivia. Estoy en/con, participo en, analizo, ayudo, escucho, pero no lo cargo ni lo tengo. Ni el paciente ni el grupo son mi propiedad privada.


Como terapeuta en el hospital, Concurrente dio cuatro abrazos. Con cada abrazo le acudieron voces de teorías que lo felicitaban y de teorías que lo criticaban. Algunos pensamientos que lo surcaron mientras abrazaba: “No sé qué hacer”. “Ojalá que no se brote”. “No sé qué decirte, ni cómo ayudarte”. El abrazo como último recurso (no siempre eficaz) cuando la palabra no alcanza. También como experiencia de compartir el peso de lo que un solo cuerpo no soporta.


La joven se sumó al grupo por primera vez. Nunca había hecho terapia, se siente un poco perdida. Vino porque empezó a escuchar que la cortina del local donde trabaja le decía cosas y una médica la derivó al hospital; llora y les pregunta a los psicólogos qué le pasa.


Según Kraepelin señala en el texto "La Demencia precoz", ¿cuál es el tipo de alucinaciones auditivas más frecuente en la demencia precoz?


a) Las alucinaciones auditivas de comando.

b) Las alucinaciones auditivas sobre los propios pensamientos.

c) Las pseudoalucinaciones auditivas.

d) Las alucinaciones auditivas megalómanas.


Una frase del botiquín: decir es decidir. Estar decidido no como certeza, sino como lance de una elección sin garantías.


Pensamientos de coordinador: ¡Me solté! Hoy pude hablar, no sé por qué, me atreví, me la dejaron picando, tuve una idea y... ¡Qué alegría, hice una intervención!


Fragmento de una sesión de terapia grupal.


El otro día vine a la Guardia porque sentía que la mente me sangraba.

Pero, ¿te sangraba?

No, por dentro. Era algo psicológico.

¿Alguien más tiene una sensación rara en el cuerpo?

Yo siento lombrices en la espalda. Me hacen bien. Son como las larvas de las moscas en una herida. Me masajean.

Yo antes tenía vibraciones en el cerebro, cada vez que tenía que hablarle a otros.

A mí cuando estoy nervioso me pongo todo tenso y me pongo mal del estómago.

Mis voces me están preguntando cómo puede ser que yo no vea que ustedes están magnetizados.

Esas voces vienen de tu cabeza. Cuando alguien pasa por la calle y las voces le dicen algo malo, yo las contradigo y se callan. Por ejemplo, si me dicen “ese que pasó es un estúpido”, yo les digo “es brillante”.

Cuando yo dejé de tomar la medicación escuché voces, el televisor era mi enemigo, me hablaba, y la voz de mi tío me decía que lo rompiera y lo rompí.

Ahora, a la distancia, ¿de dónde pensás que venía la voz?

En este momento no sabría decirlo, pero en ese momento la voz era real.

Yo, cuando las voces me hacen pensar mucho, las puteo y se van.

Cuando me descompensé, escuchaba voces iguales a las de las personas con las que estaba hablando, y para distinguir esas voces de lo que la persona realmente me decía, me fijaba si había correspondencia entre las palabras que escuchaba y los gestos y el movimiento de la boca. A veces cuesta diferenciar entre lo que uno piensa y una voz. Otras veces es fácil distinguir las voces de una voz común de “afuera”.


Una frase del botiquín: dejarme afectar por lo que se dice, y que pugne desde ahí por intervenir, en lugar de oír sólo mis anhelos de quedar bien, que me ensordecen y me muestran todavía más inseguro al hablar.


Pensamientos de coordinador: Acabo de decir una boludez. Me enredo para justificarme, pero la embarro más. Hablo rápido para taparla. ¡Por favor, que algún paciente me mire y asienta como si entendiera!


Una paciente no tiene casi dinero. Vive de mantera vendiendo pulseras. Hace poco la Policía Metropolitana echó a todos los manteros y se quedó sin trabajo, su única actividad. Vive en una pensión. Cuenta que cuando la abandonó su familia se sintió como una ramita flotando en medio del océano. Dice que el problema de la sociedad es que vivimos en la Matrix, y que está ganando la Inteligencia Artificial; el Hombre se está dejando chupar por la tecnología, convirtiéndose en Humanoide. Ella no tiene ambiciones, quiere trabajar para ganarse el pan y nada más, no quiere ganar más de $200. No sabe por qué, pero cuando viene al hospital le hace bien. Dice que el grupo terapéutico “es un oasis en medio del desierto”.


Siguiendo al DSM IV, ¿cuál es el criterio principal (criterio A) que se plantea para diagnosticar el Trastorno Esquizoafectivo durante un período continuo de enfermedad?


a) La presencia de ideas delirantes, alucinaciones y lenguaje desorganizado (criterio A para Esquizofrenia) con duración menor de 1 mes.

b) La presencia de conducta, apariencia e ideación excéntricas y contenidos perceptivos inusuales durante al menos 2 semanas.

c) La presencia de un episodio depresivo mayor, maníaco mixto, simultáneamente con síntomas que cumplen criterio A para Esquizofrenia.

d) La presencia de síntomas de disfunción social y laboral (criterio B para Esquizofrenia), junto a un componente depresivo intenso.


Reunión de equipo: una psicóloga rentada, dos residentes, dos concurrentes, dos becarias y cuatro visitantes. El diálogo es una vorágine de palabras que pugnan por expresarse todas en apenas una hora y media.


Tuve que acompañarla a la Guardia, estaba muy mal... ¡Y yo me moría de angustia!

¡Qué bien que te quedan esas botas! ¿Dónde las compraste?

Este paciente está cronificado, hace años que gira en torno a lo mismo, ya no sé qué hacer...

¿Qué fecha quedamos para la supervisión? ¿Todos pueden el jueves?

De ahora en más la primera hoja de la historia clínica va a estar foliada, por orden judicial.

Vienen faltando mucho los pacientes del grupo, ¿qué andará pasando?

Ya vengo, voy a buscarme un café que no doy más.

Ese papá es muy mamá, protege al hijo demasiado, le falta la carterita.

Es un grupo de psicóticos de alto rendimiento...


Para Concurrente, si la clínica es un oficio solitario, el Equipo es un sostén necesario, un abrazo imprescindible, una colaboración tan ficticia como eficaz que funciona como cuerpo colectivo sin el cual no sería posible el trabajo con personas cuyas vidas han sido saqueadas por las psicosis.


Concurrente abre con llave el consultorio del grupo de las 8:30. Mientras tanto, en la sala de espera, el paciente al que le dijeron que Macri sacó una tarjeta amarilla que te da derecho a tener sexo dos veces por semana se saluda con el paciente que se quedó casi sordo después de tantos años de escuchar la radio a la noche a todo volumen para tapar el murmullo de sus voces. Enfrente y sentada en el banco, cabecea de sueño la paciente que tiene miedo de morirse a la misma edad que se murió su mamá. A su lado, mira fijo al piso el paciente que vive en una villa en una habitación con techo de chapa que gotea. De brazos cruzados y apoyada en la pared habla sola la paciente que todos los días va un rato a la plaza y vuelve a su casa.


Se hace la hora, Doctor le pide a Concurrente que vaya empezando solo el grupo, que por una reunión urgente se sumará más tarde. Las sillas en ronda se van ocupando. Concurrente pregunta qué tal, cómo están. El del techo de chapa cuenta que por la tormenta del otro día se le mojó el colchón y que ahora hay ratas, y que la vecina le dijo que su marido lo va a ayudar con el techo porque así, como él, no viven ni los perros. El de la tarjeta amarilla comenta que sólo come arroz porque no tiene plata para otra cosa. La que va a la plaza todos los días dice que come únicamente milanesa porque es lo único que le gusta y se la hace su mamá. La que tiene miedo de morirse a la misma edad que su mamá cuenta que el fin de semana hubo un tiroteo en la cuadra de su casa. El que está casi sordo contesta gritando que él está bien. Mientras asiente, Concurrente piensa: ¡los brazos que hay que tener para remarla en este grupo!


Una frase del botiquín: estar en diálogo analítico es probar estar disuelto. Es estar plenamente presente. Escuchante en las voces de otro.


Antes de empezar con el próximo grupo terapéutico, Concurrente va a hacerse un té a la sala de estar de los profesionales. Dejaron la puerta sin llave, entra un paciente internado y va directo a servirse un café. Cuando un profesional lo increpa, el paciente se defiende primero alzando la voz, después gritando: “¡Soy Médico Matriculado! ¡Yo soy Médico Matriculado!”. Se toma el café de un trago, deja el vaso y se va como vino.


Según destaca Clavreul en "El Orden médico", ¿cómo queda posicionado el enfermo respecto del discurso médico?


a) Como alguien que demanda.

b) Como alguien que padece.

c) Como un sujeto informante.

d) Como un indicador de signos.


La psicóloga está atendiendo cuando un paciente internado entra al consultorio y profiere: “Les doy un plazo máximo de diez días para que me devuelvan el otro guante, el encendedor y el monedero con diez pesos”.


Está por empezar la sesión del grupo multifamiliar, un grupo abierto de pacientes y familiares. Concurrente a veces tirita antes de entrar al consultorio. ¿Quiénes vendrán hoy? El delirante cósmico que no escucha, el hijo que se alcoholiza con su madre apabullante, el que se identifica con todos acompañado por su padre indiferente, el cuarentón que nunca pudo dejar de ser niño, el que olía nafta con su hermana, el que persiguió a los primos con un martillo, el que siempre dice que prefiere ser cola de león que cabeza de ratón.


Una frase del botiquín: coordinar un grupo es dejarse incoordinar por un no todos que conjuga tensiones, diferencias y simpatías. Coordinar un no todos es dejarse incomodar. No todos es el principio de la no uniformidad, de la no homogeneización”.


Terminó la sesión del grupo, los pacientes se despiden; Concurrente se siente de maravilla. Hizo dos intervenciones atinadas, un paciente se va dándole las gracias, otro le dice “cada vez que vengo, salgo renovado”, sus co-terapeutas lo felicitan. Hoy, el Yo de Concurrente larga espumita...


Pensamientos de coordinador: Te quiero matar co-terapeuta, ¿cómo no te das cuenta de lo que le dije a ese paciente antes, por qué no seguís mi línea de ideas y te metés con otra cosa? No acuerdo con lo que decís... ¡Y me parece tan poco importante!


Lacaniano es un psicoanalista renombrado que eligió el equipo para supervisar casos clínicos. El equipo viaja mensualmente a su consultorio en Palermo. Lacaniano se regodea en el dinero que ganó en el Borda trabajando dos o tres horas por día durante cuarenta años. Se deleita en la jubilación que le dio, cuenta que le permitió viajar por el mundo y explica que todos gozamos por tener los bolsillos llenos de billetes. Le encanta la guita y se encarga de transmitirlo, aunque no cobra por las supervisiones.


Lacaniano piensa que en el consultorio privado un paciente puede llegar a estar, si así lo requiere, cinco, veinte o treinta años, pero en el hospital no; como máximo dos años. Concurrente se pregunta: ¿la cronificación de un paciente en el consultorio no se problematiza porque es guita? ¿Un criterio elitista donde sólo el que tiene dinero puede analizarse el tiempo que sea necesario? Lacaniano habla de la atención de los pacientes del hospital con entusiasmo: “escúchenlo al paciente como si estuviera en el ámbito privado”, “aunque sea de clase baja, habla del objeto a”, “¡ellos también tienen inconsciente!”.


Con cita en una asamblea del Frente de Artistas, Concurrente entra al hospital a las 15:30. A esa hora no queda ni el loro. Después de las 13 la enorme mayoría de los profesionales se retira y no hay más pacientes ambulatorios. Sólo quedan los pacientes internados, algunos enfermeros y el personal de seguridad. La tarde está soleada, pero a Concurrente lo invade una sensación de soledad y miedo. Acostumbrado al hervidero de la mañana, caminar solo en los pasillos vacíos lo acongoja. Necesita ver a otro psicólogo, a un médico, a una secretaria... Se sorprende del miedo que siente. ¿Miedo a qué? ¿A que le hagan algo? ¿A quedarse adentro? Cruza el hospital hasta el fondo y pasa por unos bancos. Un paciente lo saluda, lo llama y le da un papelito con su nombre y un celular. “Llamame a la noche, que no ando bien y quiero hablar. Llamame. Que me gusta tener amigos”.



VII. Salud pública


A Concurrente le llegan por mail denuncias y comunicados urgentes, pedidos de adherencia, convocatorias para movilizaciones por el continuo vaciamiento de hospitales y centros de salud. Los grandes medios apenas hacen eco del estado calamitoso de la salud pública. Algunos retazos:


...recortes en las suplencias de guardia con las cuales se vienen sosteniendo tareas permanentes en los hospitales, centros de salud y programas de la ciudad. Son 1.500 los profesionales a los cuales se les ha rebajado el sueldo o han sido despedidos, entre médicos, psicólogos y trabajadores sociales...


...en el caso de los programas pediátricos que dependen del SAME, el gobierno ha dado a conocer una lista de 34 despedidos y modificó la forma de contratación rebajando un 40% el salario a todos los demás pediatras que seguirían en esos programas. Así, los niños se quedan sin vacantes y sin pediatras...


...en el Hospital Moyano, como el director no aplicó la Resolución porque en ese caso no se podría sostener la atención a la comunidad, fue entonces separado del cargo...


...en el Hospital Álvarez, se despidieron 98 profesionales de la salud, cerrando los programas de Hospital de día para niños autistas, hospital de día para adicciones, violencia familiar, abuso sexual infantil, violencia de género, juego patológico, trata de personas, consultorios externos infantojuvenil, psicoprofilaxis quirúrgica, infectología pediátrica, endoscopía y diálisis...


...el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez sufre el desmantelamiento de los programas del SAME, el intento de instalar una “Casa Ronald McDonald”, la reducción de salarios de médicos, el atraso de meses en el pago a los residentes, el no reconocimiento del título universitario a las Lic. en Enfermería; y, por sobre todas las cosas, la caída en la prestación de calidad a los pacientes del hospital, una lista de espera para cirugía que no para de crecer y escasez de sangre debido a que jubilaron a las técnicas que recibían a los donantes los días sábados en el hospital, universidades y lugares de trabajo...


...con la lucha del Gutiérrez se logró que el Gobierno llamara a concurso para 34 cargos de médicos, y que se abrieran cargos para enfermería de acuerdo con lo estipulado en el Amparo. ¿Qué sucedió? Para los 34 cargos se presentó sólo 1 médico. Los cargos de enfermería se cubrieron pero con déficit importante. ¿Cuál es la razón? El problema tiene muchas causas. Una de las principales, es la salarial. En varios sanatorios privados se está pagando más de $5.000 la guardia. El médico del GCBA, después de que tiene que esperar por lo menos un año para que le salga el nombramiento, (si es que tiene suerte y no trabaja sin firma o como suplente varios años) cobra como mucho $2500 la guardia y trabaja mucho más, además de no poder tomarse vacaciones si no tiene asegurado su reemplazo. Para irse tiene que trabajar antes o después lo que se va a tomar de vacaciones para devolver las guardias reemplazadas ya que no hay reemplazos. En enfermería, una enfermera que ingresa a un sanatorio privado cobra $12.000. La que ingresa al GCBA cobra $6.000, y empieza a recibir sueldo después de 5 meses de trabajo, a lo largo de los cuales muchas veces no tienen ni para viajar y tienen que hacer colectas para llegar al hospital...


El 26 de abril de 2013 aconteció un desastre que no tiene nombre.

En el marco del megaproyecto inmobiliario del Centro Cívico, el macrismo –con el aval del kirchnerismo– intentaba instalar la sede de las oficinas del gobierno de la ciudad en terrenos del Hospital Borda, donde venía funcionando un taller protegido de herrería y carpintería. Hasta entonces, una medida cautelar dictada por una jueza venía amparando la existencia del taller e impidiendo su demolición y la construcción de los cimientos del Centro Cívico.


Pero en la madrugada del 26 de abril, forzando una puerta del hospital, un centenar de criminales agentes de la policía metropolitana ocuparon los patios del hospital para concretar la demolición del taller protegido, y ante la resistencia de trabajadores y pacientes, reprimieron bestialmente a todos los presentes: pacientes, trabajadores, periodistas y legisladores. 69 heridos, 8 detenidos por “resistencia a la autoridad”, y efectos de mucho daño en muchísimos pacientes. A más de un año de la represión, los responsables materiales y políticos quedaron por fuera de la causa penal y algunos de quienes ese día resistieron ese avance sobre el hospital público hoy están siendo procesados por la justicia...


Ese día Concurrente estaba supervisando con Lacaniano y se salvó de las balas. Cuando vio todo por la tele, lloró de indignación. ¿Reprimir dentro de un hospital? ¿Instalar un batallón de policías para disparar balas en un hospital? ¿En un hospital de la pobreza, en un hospital donde la vulnerabilidad social se recrudece por la situación psíquica de quienes allí viven o se atienden, donde no puede haber más fragilidad, y a metros del Hospital Tobar García, donde hay niños internados? Ni siquiera en las peores guerras se invaden los hospitales.


Muchos pacientes internados sufrieron descompensaciones, ansiedad, angustia, terror, reacciones paranoides. Todavía continúan los efectos traumáticos de este desastre. Incluso un reconocido psiquiatra de derecha explicó que “Luego vendrán los trastornos postraumáticos, porque estos hechos dejan efectos por mucho tiempo, como insomnios, trastornos del sueño, trastornos de alimentación, desajustes afectivos, conductuales, psicosomáticos, y somáticos, como trastornos digestivos, taquicardia... Porque las situaciones violentas vuelven a la memoria y son revividas por el paciente”.

En el servicio de Concurrente hay pacientes ambulatorios que preguntan angustiados si va a cerrar el hospital. El fantasma de quedarse sin atención, sin médicos, sin una casa que los aloje, recorre los pasillos.


De acuerdo a lo planteado por Kaplan, Sadock y Greb, ¿en qué consiste el pensamiento de los pacientes deprimidos?


a) En rumiaciones no delirantes sobre pérdidas, culpa, suicidio y muerte.

b) En ideas de desesperanza.

c) En pensamientos enraizados en la vivencia de dolor moral.

d) En ideas delirantes de pérdida y ruina.



VIII. Colegas


Concurrente a veces se pregunta por qué va a trabajar gratis al hospital. Un día se contesta: para hacer chapa.


En el servicio, algunos psicoanalistas lacanianos frecuentan la impostura de un personaje lacónico o silencioso, reservado, inaccesible, que emana un aire de superioridad. Concurrente se pregunta: ¿el “lugar del muerto” como figura institucional?


Concurrente toma un té en la sala de estar. Psicoanalista, un analista muy renombrado del servicio, entra a la sala sin devolverle el saludo, como si no estuviera... hasta que se da cuenta que necesita una birome.


Concurrente tenía la esperanza de encontrar en algunos profesionales del servicio una complicidad crítica en relación al estado del hospital, a la represión que aconteció en sus adentros, a las políticas en salud. Si bien varios profesionales del servicio concurrieron a diversas marchas contra el vaciamiento de las instituciones públicas de salud y contra la represión en el Borda, ningún espacio o canal interno, ninguna instancia de discusión formal o de pasillo tuvo lugar. Concurrente esperaba otra participación de los compañeros del servicio en materia de asuntos políticos, un estar más enterados, o quizá con la bronca más a flor de piel.


El compañero del servicio cuenta sobre el nuevo logro de las gestiones del jefe: consiguió que universidades privadas y laboratorios financiaran pizarrones, un televisor, sillas y otras herramientas de utilidad para el servicio. Le aconseja a Concurrente que piense y anote rápido qué necesita.


La participación en los asuntos colectivos es un privilegio de pocos. El anuncio de las novedades, las discusiones importantes y la deliberación en torno a diferentes problemas del servicio ocurren solamente en “reuniones de rentados”, de las que quedan afuera los médicos, médicas, psicólogas y psicólogos que trabajan ad honorem. ¿Las enfermeras y enfermeros? Afuera de todo, aunque cobren un salario.


Concurrente participó unos meses de un espacio llamado ARSAM, Asamblea de Residentes de Salud Mental: un espacio de discusión e intercambio para los residentes de salud mental de la ciudad que buscan organizarse para luchar por el pago de sus salarios, para intervenir en los programas de formación, para promover el armado de charlas y jornadas, para debatir sobre las leyes de salud y las condiciones de atención a la comunidad. ARSAM funcionaba así: cada hospital tenía su propia asamblea de residentes, de la que se elegía un representante para que fuera a la asamblea de la ARSAM a llevar los puntos de vista de su hospital y, a la vez, a llevar a la asamblea de su hospital lo discutido en la ARSAM.


A diferencia de las residencias, las concurrencias no tienen un programa de formación común, tampoco tienen asambleas ni jefes de concurrencia que oficien de referentes. A partir de la participación de Concurrente en varios encuentros de la ARSAM (era el único concurrente), pensó en impulsar una convocatoria o invitación a conformar una Asamblea de Concurrentes en el hospital. Tras haber hablado con otros concurrentes del Borda, el texto de la invitación por mail fue este:


¿Te gustaría participar de una Asamblea de Concurrentes? Así como lo tienen los residentes, algunos concurrentes estamos pensando en armar un espacio horizontal donde poder juntarnos para intercambiar ideas y experiencias sobre nuestro trabajo en el hospital como concurrentes.


¿Algunos ejes posibles sobre los que podríamos hablar en las reuniones? Las leyes de salud y nuestra práctica, el estado general de la salud pública y de los escenarios de atención a la comunidad, nuestras condiciones laborales (trabajo sin salario, sin ART, sin viáticos, etc.), la ley de concurrencia, aspectos a mejorar de la formación profesional, situaciones difíciles de la clínica, o lo que vos quieras o andes pensando.


Nos juntaremos el miércoles 19 a las 8:30hs en el hall central del Hospital. ¡Te esperamos!


De los más de cien concurrentes invitados, asistieron tres. La asamblea tuvo dos encuentros en total. Por otro lado, la participación en la ARSAM fue declinando poco a poco, y el espacio dejó de funcionar.


Según define Lemus en "Salud Pública, Epidemiología y Atención Primaria de la Salud", ¿quién es responsable de las políticas de salud?


a) El profesional de la salud.

b) El funcionario de salud.

c) El funcionario político.

d) El ciudadano sufragante.



IX. Tiempo y dinero


La concurrencia requiere formalmente 16 horas semanales. Sin embargo, en la práctica muchos concurrentes hacen 12 u 8 horas, según se lo permitan sus jefes. En la concurrencia del Borda es obligatoria la asistencia a diferentes cursos a elección, los cuales suman puntos. Terminada la concurrencia, es necesario haber llegado a cierto puntaje para obtener la acreditación.


Concurrente nunca fue al hospital más de 12 horas. Y en más de dos años, no asistió a ningún curso. Y no porque no le interesen “Semiología y sindromología en Psiquiatría”, “Psicosis y lazo social, dispositivos artísticos y colectivos”, “Acercamiento a la clínica de la locura” o “Introducción a la clínica de familias en Psicosis e Internación”, entre otros, sino porque asistir a un curso supone menos horas destinadas a un trabajo pago. Cuando un concurrente vive de su sueldo y debe pagarse un alquiler, es muy difícil poder cumplir con los cinco años de la concurrencia y con las horas obligatorias. Además, el tiempo para formarse, el tiempo para leer, no alcanza.


Un día a Concurrente le salió la posibilidad de un trabajo pago: atender pacientes en una clínica privada. En ese trabajo pedían una de las mañanas en que Concurrente asistía al hospital, y tomar el trabajo implicaba que dejara de co-coordinar dos grupos terapéuticos. Concurrente sufrió un desgarro en el alma. Desde una lógica de la renuncia la decisión hubiese sido quedarse trabajando en lo público y dejar pasar esa oportunidad, así como había dejado pasar otras, quizá menos atractivas, para sostener la concurrencia; pero el nuevo trabajo le daría la posibilidad de un sostén económico más seguro, y le evitaría seguir dividiéndose en tres tipos de trabajos diferentes distribuidos en nueve lugares distintos.


Concurrente se decía, entre serio e ingenuo: es una pena que no me paguen por trabajar acá en el hospital. El deseo de trabajar en el Borda era mucho mayor, pero continuar la concurrencia a toda costa resignando la posibilidad de un trabajo pago significaba entrar (o adentrarse aún más) en la lógica del sacrificio. Concurrente masticaba bronca: la lógica del sistema de salud es totalmente absurda, cuando la concurrencia o la residencia terminan, el profesional –formado con recursos del Estado en instituciones públicas donde se curtió durante años en un trabajo altamente calificado con problemáticas y situaciones muy diversas y complejas–, es arrojado a tener que conseguirse un empleo en el sector privado, expulsado de lo público, sin más lugar en ninguna institución del Estado. ¿No deberían los residentes y concurrentes ser aprovechados como recursos valiosos para que el bagaje de lo aprendido sirva para continuar una atención de excelencia a la comunidad en algún efector de salud según las necesidades colectivas? ¿Para qué si no la “capacitación”, la “práctica”, la “formación” de posgrado? ¿Para atender mejor en un consultorio privado? Como si no bastara ya con el criterio exitista de evaluación del deseo choice para poder entrar, unos años después sobreviene el desalojo porque hay que irse. El desalojo que significa ser echado de un trabajo, el desalojo que significa no poder seguir obrando vitalmente en lo público. El Ministerio de Salud te desea suerte: ahora que te formamos, andá a rebuscártela en el mercado para hacerte un lugarcito en una empresa... ¡Y ojalá que tengas muchos pacientes en tu consultorio!


En una investigación sobre la inserción laboral de los egresados del Sistema de Residencias de la CABA de los últimos 5 años cuya hipótesis es que la mayoría de los egresados de los últimos 5 años se han insertado laboralmente en el sector privado, con una modalidad contractual precaria y poco remunerada. La variable "modalidad contractual" fue operacionalizada como: estable y bien remunerada; estable y poco remunerada; precaria y bien remunerada, y precaria y poco remunerada. Según la conceptualización de Pineda, Alvarado y Canles, ¿Qué escala de medición de variables subyace a dicha formulación?


a) De intervalo.

b) De Razón.

c) Ordinal.

d) Nominal.


Concurrente aceptó el trabajo. La culpa por dejar un día del hospital llevó a plantearle a su jefe la posibilidad de dejar de ser Concurrente y así liberar la vacante, y pasar a ser visitante. La respuesta fue cariñosa: “¿¡Qué!? ¿¡Vos qué tomaste!?”.

En aras de redimir un poco su pena y de suplir del mejor modo su ausencia, Concurrente hizo una invitación a colegas que pudieran estar interesados en trabajar en el servicio. Se sumaron algunos visitantes, y la culpa se mitigó.

Concurrente piensa: que me sienta culpable es una victoria del sistema actual de salud que, para sostenerse, necesita de trabajadores sacrificados.


El nuevo trabajo en la clínica privada consistía en ser uno más de los quince psicólogos que atendían en sesiones individuales de 30 minutos a cuarenta pacientes por semana cada uno. Los pacientes venían de distintas obras sociales. “Veinte horas no es nada”, pero cuarenta pacientes es demasiado, cuando además varios de ellos sufren de patologías graves, cuando algunos son niños, cuando otros están pensando en matarse. Atender a ocho o diez pacientes al hilo a Concurrente le quemaba la cabeza. Cuanto más tiempo se tomaba para descansar o despejarse, más tiempo esperaban los restantes pacientes y más tarde salía él de la clínica. No había reuniones de equipo, ni supervisiones, tan sólo alguna que otra charla de pasillo. Las dueñas de la clínica la levantaban con pala.


Si bien había empezado con apenas veinte pacientes, ya en las primeras semanas Concurrente se preguntaba qué hacía ahí y fantaseaba con irse. Tenía tres minutos para evolucionar la historia clínica del paciente anterior, juntar los autitos del piso con los que había jugado con el chiquito de cinco años que podía estar teniendo alucinaciones, ordenar las sillas y así poder hacer pasar al taxista deprimido que sentía que su trabajo era un picadero de carne, sabiendo que después de él vendría la peluquera que cuando no sosegaba su soledad con la compañía que le hacía el ruido de la heladera de su monoambiente, se quería tirar del décimo piso.

Al segundo mes se veía haciendo trampa, inventando que tenía algunos turnos ocupados (con pacientes que ya no iban más) para que no le asignaran más pacientes. (Más tarde descubrió que ese recurso lo usaban casi todos los psicólogos de la institución.) Su carpeta con anotaciones clínicas engordaba a un ritmo vertiginoso, y eso que escribía lo mínimo: nombres, edades, relaciones de parentesco, fechas.

Al tercer mes planteó a las directoras la posibilidad de dejarse algunos turnos libres para poder respirar; las directoras aceptaron su propuesta porque, decían, “esto no es una máquina de hacer chorizos”, y quedaron en que de los cuarenta turnos, le quedaran cinco libres. A las dos semanas, se dieron cuenta de que Concurrente había liberado siete y no cinco, y lo interpelaron para que poco a poco fuese ocupando todos los turnos porque había muchos pacientes en cola de espera para atenderse en la institución. A los tres meses Concurrente pidió trabajar la mitad de horas porque el trabajo lo sobrepasaba y comprometía su capacidad para atender éticamente a los pacientes. Las directoras le respondieron que así no les servía, que era un todo o nada porque no querían tener tantos profesionales contratados, y Concurrente prefirió irse. Una directora le dijo: “qué pena, no va a ser sin consecuencia para los pacientes”.


Una paciente de 79 años, mujer, ingresa a la guardia por intento de suicidio con arma blanca (se cortó con un cuchillo en el cuello). Al examen se encuentra lúcida y coherente. Durante la entrevista su comunicación es parca y breve. No hay signos aparentes de angustia. Refiere que es su cuarto intento en ocho años (con cinco internaciones psiquiátricas por depresión en esos años) y que lo volverá a repetir "porque no quiere ser una carga para sus hijos". El primer intento coincide con el hecho de haber dejado de trabajar debido a una artrosis, que limita su movilidad. No aparecen otros trastornos orgánicos. Según Vallejo Ruiloba, ¿Cuál es el padecimiento de esta paciente?


a) Ideación persecutoria

b) Tristeza patológica.

c) Frialdad afectiva o indiferencia.

d) Desinhibición maníaca.



6:30am, suena el despertador. Concurrente se levanta para ducharse, tomar algo y viajar al hospital.


Según lo inferido en el texto, ¿por qué motivo va Concurrente a trabajar gratis al Hospital Borda?


a) Por el honor que socialmente le depara.

b) Debido al grado de aprendizaje que la concurrencia conlleva para su desarrollo profesional.

c) Porque supone un alto nivel de prestigio para su currículum.

d) Debido a causas internas ligadas al masoquismo.

e) Por la satisfacción personal que ese trabajo le proporciona.

f) Ninguna de las anteriores.



[1] Directamente copiadas o interferidas por los libros Deliberar las psicosis, Una subjetividad que se inventa y Sujeto fabulado I de Marcelo Percia.


* Psicólogo, trabajador de la salud pública. ariel.antar.lerner@gmail.com


** La publicación de este texto se realizó originalmente en la revista Transversales en 2015. http://revistatransversales.blogspot.com.ar/

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