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Dejemos por hoy

Actualizado: 18 abr 2023



El texto a continuación, entreverando lo literario y lo analítico, sobrevuela las inquietudes del personaje sobre algunos temas de la práctica del psicoanálisis, permitiéndose desplegar con aparente libertad cuestiones que comparte, en algún grado, con el propio autor.


Por Roberto Elías Salazar*


- Sabés que el otro día leía la columna que publica una analista en un diario…me gusta ella, me parece que hace un trabajo de divulgación que está bueno, pero me hizo ruido algo, debe ser mío… Decía que el psicoanálisis, así textual, es una práctica difícil, muy difícil…porque algo así como que no hay un saber que se pueda aplicar, que no se debe contar con la seguridad que da una técnica, que la transferencia destruye todo lo que uno cree conocer. Y lo que me pasa con esto, porque es algo que me pasa a mí… es que me tiene podrido este tema de que el psicoanálisis es algo inefable, inexpugnable, al borde de lo imposible.

(Algo se dice)

-Si sí, las profesiones imposibles, que lo decía Freud y antes Kant. Pero ¿por qué somos los psicoanalistas los que lo decimos con tanto pathos? Yo no veo a un político o a un docente, las mentadas profesiones, que se la pase todo el tiempo diciendo que su trabajo está siempre al borde del fracaso, que con suerte fracasa cada vez mejor, que Beckett y bla, bla, bla… me calienta eso, no sé por qué. Me parece de una vanidad… es que incluso los artistas, para pensar en esa parentela entre psicoanálisis y arte, ahora que veo, no andan diciendo “Es que pintar es muy difícil” “Ay, componer es sumamente arduo”. Saben que es difícil, pero no andan engolando demasiado su hacer, ¿no?... y bueno, sí, es un goce capaz de nosotros, decir que estamos siempre al límite de lo posible.

(Algo se dice)

-Claro, la poesía. Demasiado tentador no igualarse con el arte poético. Porque eso es lo que pensamos de nosotros, de lo que ocurre en el análisis, algo del orden de la poesía. Pero de artesanos, nada. Del trabajo de manualidad, del trabajo aterrizado, ese que no viene en un golpe de inspiración o talento, ese que se hace todos los días y se va armando… ese siento, no sé, que queda diluido… si sí, ya sé que me vas a decir que no son excluyentes, pero la verdad es que no entiendo este tema por regodearnos en una práctica indecible…pierde todo el sentido de llamarse práctica.

(Silencio)

- ¿Y es que cuantos hubiésemos elegido el psicoanálisis si la viéramos como una mera práctica artesanal y no como una profesión imposible? Ahora que lo pienso, no sé si es eso lo que nos hace bardear a los psicoterapeutas, a los técnicos del yo, como algunos les gusta decir. Ja. Nos acomodamos en nuestra labor intelectual, que hay que aclarar cada tanto que es muy muy difícil, porque la transferencia, lo real, lo contingente, lo imposible… las grandes palabras peregrinas… pero la labor pequeña no, la alfarería sencilla, el torneado progresivo, la cerámica, en fin, las artes menores, eso puaj, anda palla bobo, eso…

(Algo se dice)

-Es que metáforas de la práctica psicoanalítica abundan…claro que en algún momento se pensó como, no sé, un repujado, o que hacemos orfebrería de lo real con lo simbólico, o cualquier frase medio retórica que garpa, pero que está lejos de ser genuina… lo digo en el sentido de una práctica que no se haga la distraída, que no escamotee lo de la técnica, que no romantice…

(Algo se dice)

-Es algo que me pasa a mí, sí, no lo niego… ¿Sabés que pienso? Que a veces somos, o bueno, soy como esos escritores de medio pelo que a cada rato andan hablando de la imposibilidad de escribir, de que la escritura es siempre una bajada a los infiernos…

(Silencio)

-El otro día leía a Coetzee, no sé si los has leído, y le preguntaban sobre el tema de la traducción de sus libros, y el chabón responde que la respuesta teórica que debería dar es que toda traducción es una traición, traduttori, traditori, pero a él le parece que hay traducciones malas y menos malas y eso no impide que hayamos leído a Shakespeare o a Faulkner, él dijo Cervantes creo, traducido y que no nos haya deslumbrado. ¿Te imaginás a un traductor diciendo a cada rato que lo que hace está al borde de lo posible y que debe suspender lo que sabe cada vez para volver a empezar? Un plomo, un plomo.

(Silencio)

-Ja. Sí, soy un plomo también… Pero ya que estoy con esto, digo, pregunto… ¿Cuándo se jodió el Perú?... como pregunta Vargas Llosa, pero con el psicoanálisis… dicen que la IPA…no la birra…ja, que boluda la aclaración…bueno, que los posfreudianos, que ellos derrumbaron la práctica con sus rigideces técnicas, ok. Vino entonces Lacan a reformar todo, o a contrarreformarlo, porque con Lacan… genio absoluto, ojo, eso seguro… pero vino a barroquizar el psicoanálisis, como buen católico, vino a construir catedrales enormes, a hacer esos vitrales conmovedores sobre las grandes naves, que ponían a los cristianos a suspirar y a pensar en lo divino y lo inmenso… ¿y no es esto en parte el psicoanálisis hoy? Un psicoanálisis de la inmensidad, de las grandes palabras, de lo supremo, de lo universal.

(Algo se dice)

-Sí, sí. Es que te digo que, si no fuera porque se orienta por lo singular, yo estaría más angustiado… es cierto lo que decís.

(Silencio)

-La verdad es que a veces me siento un poco un fraude. Pienso estas cosas y siento que no puedo hablarlas con otros… siento que tengo que fingir el personaje del psicoanalista intelectual, el que lee y entiende a Lacan, por supuesto, y que debe hablar de Deleuze, o de Levi-Strauss, bah, ese está pasado de moda, o de Spinoza, o de Joyce… y nunca de la técnica, porque la técnica es algo muy banal, como si hablar de técnica psicoanalítica fuese hablar de protocolos… la técnica es algo de los kleinianos, o de otros, y lo importante está allá, arriba, no abajo… ¿No era que Lacan empezó desdeñando un poco lo transferencial, lo veía como un entorpecimiento, un escollo a ser evitado?

(Algo se dice)

Sí, claro, después cambió, el objeto a, la orientación por lo real, lo que quieras. Pero trabajar la técnica quizás se le fue quedando en el camino… Lacan era como el Papa Pablo III, estaba para las grandes cosas. Otros son sus grandes clérigos. Yo me siento apenas como un curita de tercer mundo.

(Algo se dice)

-No sé. Si. Ya hemos hablado esto, de ese gran Otro… eso no me quita la sensación de impostura que a veces tengo, de tener que ir a meterme en un semblante, a hacer de un psicoanalista profundo que tiene que decir que ve más allá y menos acá. ¿Y el psicoanálisis de lo simple, del día a día? ¿Y el psicoanalista obrero, el laburante? ¿Y el que se pregunta cómo se maneja la transferencia, a pesar de que desbarate todo conocimiento? ¿Y el que…

(Algo se dice)

-Claro que hay jornadas clínicas, no digo que no se hagan estas preguntas. Entrada en análisis, finales de análisis, deseo del analista… Solo que veo que el acento está en otra parte, o estoy viendo, o empezando a ver que…

(Algo se dice)

-Me queda la duda donde está esa otra parte, sí. El psicoanálisis que se piensa, se sobre piensa a sí mismo teóricamente, ese me queda claro. ¿Pero dónde busco al otro?... dirán que es indistinguible el uno del otro… es la banda de Moebius, es el nudo borromeo con la clínica, la política y la episteme a la vez, muy trinitario, por cierto, muy armado… pero todo queda en el Padre o en el Hijo y poco se habla…bueno, en fin. Ya estoy medio patinando, ¿no?

(Silencio)

-Me angustia la posibilidad de estar metido en una práctica ciega, autoindulgente, complacida con su propia excepción, enamorada de sus propias dificultades. Y no es lo que yo creo que haga en mi consultorio o que hagas vos o los que conozco. Pero…es como si el propio psicoanálisis, ah re que ya digo cualquiera, el propio psicoanálisis deba aun pasar de esa conmiseración de su propia imposibilidad a una miseria corriente, vulgar… un psicoanálisis de a pie, de plantear y resolver problemas, sin que eso lo haga irreflexivo sobre su teoría o su ideología… es un tema de dónde se pone el acento, de donde va la tilde.

(Algo se dice)

-Si. Donde yo la quiero poner. Porque me causa todo esto… Me quejo, me quejo de la queja de imposibilidad. Pero hay que hacerse cargo, ¿no?... Si no, no podría con esta sensación de terminar siendo un chanta…

(Se dice que se deja por hoy)



*Psicoanalista

robertoeliassalazar@hotmail.com


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