Otros verbos, otras existencias



Las lecturas hegemónicas de nuestras anatomías construyen destinos. Nuevas lecturas y formas de nombrar tal vez colaboren a multiplicar usos y sentidos que abran nuevos caminos y horizontes. Un verbo que busca desobedecer los regímenes biológicos, apropiándose de lecturas para transformarlas.



por Paula María Dombrovsky *


Imagen: obra de Albert Gyorgy



Durante los primeros años en la práctica docente preparaba cada minuto de la clase, leía pies de página, fragmentos de otros autores referidos en los textos que me tocaba dar. Horror vacui es una expresión que refiere al miedo al vacío que se da en el arte islámico, relleno de detalles y ornamentos. Horror al vacío era lo que me llevaba a anticipar y prevenir cualquier posibilidad de quedar en vacío, no conocer de antemano la respuesta a alguna pregunta de alguno de los estudiantes.

La diferencia entre tener y no tener en la facultad de psicología tiene una significación disciplinaria particular. Los varones tienen, las mujeres no tienen. Es una lectura posible, según aquello que se considere que es valioso tener. O aún más, si se considera que es valioso tener algo. La pregunta es qué pasaría si fuera valioso tener vacío o portar el vacío.

Hace más de diez años practico la docencia y si bien reconozco que disfruto los momentos en que puedo presentar ideas de los autores con los que trabajo, también tengo escrito en grandes letras arriba del plan de cada clase la indicación de hacer preguntas y esperar silencios, porque descubrí que soportar el vacío y dejarlo actuar hizo que cada clase sea una creación novedosa, contar con la sorpresa. La paciencia ante algunos silencios y el armado de preguntas más que respuestas permitió dejar aparecer algo de esa magia de la creación, de lo nuevo inesperado, la palabra renovadora de estudiantes creando lazos entre lo que escuchan, lo que vivieron y leyeron. Algo nuevo aparece ahí, una invención, una nueva lectura, otra versión, una di-versión. Hacer con ese vacío, soportar el vacío habilitador para que pueda decirse algo diferente, producir algo además de la reproducción de fórmulas de autores clásicos, un decir singular a partir de ese encuentro, algo que surge en ese intersticio. Esa es la potencia de cada clase.

El vacío ya no como horror sino como un contorno dispuesto a recrearse, armar una estructura para dejarla vacía, hacer el esfuerzo de no completarla, si se llena, permitir que vuelva a vaciarse. El espacio vacío para el hallazgo de lo diverso, lo que sale de la línea, el punto en otro lugar, el oído entornado pero vacío para escuchar otra cosa diferente al ruido de la repetición de lo mismo. El vacío no vale, no se cuenta dentro del proceso, no es nombrado, el vacío no se tiene, el vacío no produce ¿el vacío no produce?

Producir. La Real Academia Española define producir como: 1. Engendrar, procrear, criar. Se usa hablando más propiamente de las obras de la naturaleza, y, por extensión, de las del entendimiento; 2. Dar, llevar, rendir fruto; 3. Rentar, redituar interés, utilidad o beneficio anual; 4.Procurar, originar, ocasionar; 5.Fabricar, elaborar cosas útiles; 6.Facilitar los recursos económicos y materiales necesarios para la realización de una película, un programa de televisión u otra cosa semejante y dirigir su presupuesto; 7. Exhibir, presentar, manifestar a la vista y examen aquellas razones o motivos o las pruebas que pueden apoyar su justicia o el derecho que tiene para su pretensión; 8.Crear cosas o servicios con valor económico; 9.Explicarse, darse a entender por medio de la palabra.

El verbo reproducir, al igual que producir, es un verbo transitivo, es decir que necesita de un sujeto y un objeto, una acotación semántica, dado su amplio abanico de significados posibles. Llamamos reproducir al verbo que define a una de las funciones propias del aparato genital o reproductor femenino, mayormente entendido como un aparato compuesto por útero, trompas de falopio, ovarios, vagina, clítoris, vulva, labios, cérvix. Algunos significados, provenientes de la misma academia, nos dicen que reproducir significa: 1. Volver a producir o producir de nuevo; 2. Volver a hacer presente lo que antes se dijo; 3. Sacar copia de algo; 4. Hacer que se vea u oiga el contenido de un producto visual o sonoro (reproducir una cinta, por ejemplo); 5. Ser copia de un original; 6. Dicho de los seres vivos: engendrar y producir otros seres vivos de sus mismos caracteres biológicos. Los sinónimos que se enumeran son repetir, reiterar, duplicar, imitar, calcar.

Ahora bien, es notable la diferencia cuando los seres vivos son sujeto del verbo: reproducir para los seres vivos significa producir otros seres, engendrados por esos seres y desde esos seres, a partir sus caracteres biológicos. Reproducir entonces, según este diccionario, significa producir, algo que parece evidente, ya que producir otros seres es diferente a copiar o volver a producir. Resulta obvio, pero seguimos diciendo reproducción y reproducir.

Resulta algo curioso que usemos frecuentemente reproducir, reproducción, proceso reproductivo, aparato reproductor, cuando reproducir remite a verbos como copiar, imitar, reiterar, duplicar. Incluso este diccionario, sumamente cuestionado, dice producir para decir procrear. Aun así, usamos reproducir cuando sabemos que un cuerpo humano nunca reproduce como si hiciera una copia a otro cuerpo humano, nunca copia al anterior, nunca “de nuevo”, no hace que algo exista otra vez, el ser gestado es parecido, tal vez copia de algunos caracteres, pero no es copia del ser gestante. Existe nuevo, único, jamás re producido.

En biología y medicina se dice reproducir para hablar de los procesos de creación de nuevos seres. Muchas veces escuché decir a compañeros médicos, al hacer investigación, que desarrollar el marco teórico era muy sencillo, porque no hay grandes diferencias teóricas o diversidad de lecturas de lo que es un hígado, en cómo se explica un corazón y los procesos biológicos. Hay diferentes manuales que mantienen lecturas biológicas que parecen muy fieles a sí mismas. Se dice aparato reproductor, el proceso es reproducir, hay una forma normal y otras patológicas. Freud decía que primero cedemos en las palabras, después en las cosas, tal vez haya que dejar de ceder a repetir las mismas palabras para decir cosas diferentes.

Pero sabemos que el lenguaje es arbitrario, que no tiene por qué ser más o menos justo, o más o menos adecuado. También sabemos que los poderes se expresan en lo que se puede y no se puede decir, lo que se nombra y lo que no se nombra, lo que vale y lo que no, lo que puede existir y lo que no. Que existan otras opciones de uso en el lenguaje habilita otras lecturas, otras formas de decir que legitiman otras formas de hacer, otras formas de existir. Este escrito y esta escritora sólo buscan expresar una pequeña pregunta compartiendo una mirada ante la admiración que genera una lucha que lleva siglos. Unas palabras que son gracias a luchas feministas que acarrean debates que son instituyentes porque abren nuevas perspectivas sin destituir las anteriores y sin querer erigirse como la única hegemónica buscan multiplicar, pluralizar las perspectivas, las lecturas del mundo, los sentidos y así provocan preguntas. Esta es una pequeña lectura que existe gracias a tantas otras, que se propone nuevos decires que ofrezcan otras opciones, que habiliten elecciones y preguntas.

La reproducción humana sirve como ejemplo a mano y conocido generalizado para expresar ese otro sentido posible que interesa enfatizar sobre el vacío: hay una existencia que se gesta en el vacío. El útero es ese vacío, que se expande, que crece. Lejos de atenerse a la biología para imponer las formas “normales”, tiene que ver con intentar nuevas lecturas de la biología para nombrar otras cosas. Permitir otras lecturas de la biología, de lo biológico que instituyan preguntas antes que imponer certezas y divisiones. Usar una definición biológica para hacerla estallar nombrando otras cosas. Otro verbo para nombrar esta creación en el vacío, desde el vacío, para valorizar esos vacíos que existen al igual que ese espacio vacío uterino. Algún nombre para esos vacíos gestantes de existencias múltiples: Uterar

1.Uterar: dícese de producir, crear algo nuevo donde había un lugar vacío.

2. Uterar: dar lugar, lugar con entorno flexible, para un ser o más.

3. Uterar: generar vacío que aloje aquello pequeño, frágil, creciente, indeterminado, imperfecto e incierto.

4. Uterar: ahuecar con el destino de expandir, crear, hacer crecer la existencia nueva y potente por sí misma, que se hace lugar en ese hueco que también crece, ingobernable, indeterminado e indeterminable.

4. Uterar: sostener la pregunta, sostener el vacío de respuestas, la inquietud e incomodidad.

Uterar, antes que gestar, permite tomar dimensión de lo cíclico, de ese vacío cuyo borde se engrosa, también para volver a afinarse. Tomar dimensión de lo cíclico también implica un proceso espiralado, pasar varias veces por lugares, sentires, por los que se pasa otra vez, pero de otra manera, en otro lugar, desde otro lugar. El ciclo también implica tiempos de espera, tiempos en plural, de tiempos diferentes a la inmediatez, tiempos de proceso, de contemplaciones, de observación, de ver qué pasa, de apertura a lo inesperado. Tiempos de hallazgos.

Uterar tendrá que ver con sentir vacíos que crean tiempos para hacer presencia de vacío, hacerlo notar, hacerse sentir, saber positivamente que existe en vacío, que el vacío crea. Una existencia hueca necesaria para generar más existencia y un tiempo para que transcurra.

Uterar nos permitirá pensar la carencia, la falta como valor, la carencia como pulsante. Uterar resalta el valor de no estar lleno, de no colmar, evitar acumular, de vaciarse para producir otra cosa, para que se geste otra existencia. Incompletar, vaciar, ahuecar permite crear, produce.

Uterar busca dar lugar al vacío, pensar el no tener como potencial creador. No poseer el peso, sino el espacio vacío que puede verse vinculado con el concepto de deseo, que se funda en la idea de la falta como motor causante, movilizadora, máquina de trabajo creador, vacío productor, uterador. Inspirarse en el útero como forma del cuerpo para despegar de allí multiplicando estructuras posibilitadoras, conceptos huecos y siempre abiertos a lo diferente, a lo acallado, a lo que no está nombrado, a lo que todavía no existe. Un vacío como margen de visibilidad de otra cosa, de existencia de lo imposible, de lo que aún no podemos imaginar.

Eso que leemos y decimos existe según cómo esté construido su sentido, sea por sus utilidades, funciones, valoraciones. La construcción y deconstrucción de sentidos, las lecturas que pueden hacerse de esas materias que nos rodean, lecturas que hacen que algunas cosas existan y otras no, es un proceso siempre latente. Se imponen lecturas que dan valor y poder a algunas cosas y a otras no. Sistemas de sentidos que establecen por ejemplo que vale la pena el tener y también qué vale la pena tener. Acumular, completar, llegar, perfeccionar, terminar son verbos que insisten al hablar de procesos.

Incompleta, faltante, con falta, sin tener, deficitaria, son todos conceptos partidarios de lógicas totalizantes, en donde el todo, lleno, completo, perfecto, sin falta ni defecto, es el ideal al cual aspirar. El ejercicio propuesto sobre el verbo Uterar es un intento por mostrar lo que pueden las palabras, al entramarse en los juegos del poder, pero también que debemos producir nuevos vocablos para nombrar otras lógicas, que den lugar, que generen un nuevo espacio, justamente, a partir de la incompletud estructural.



* Paula María Dombrovsky

pauladombrovsky@gmail.com

Psicóloga, docente y doctoranda, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.


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