“Politizar lo Inconsciente” (variaciones sobre variaciones esquizoanalíticas).



Explorar con destino (relativamente) incierto la consigna “politizar lo inconsciente” oficia como leitmotiv de estas variaciones sobre variaciones prácticamente inverosímiles. La más de las veces: esquizoanalíticas; aunque no necesariamente.


por Gabo Rodríguez Varela


I.


¡Haced consignas!... Al fin de cuentas, nadie sabe lo que puede agitar una consigna como vector de movilización. “Politizar lo inconsciente” (consiga de ocasión), no interesaría tanto por las conclusiones y/o definiciones a las que se podría arribar, sino más bien por los nuevos posibles que llegasen a producirse en su despliegue. Aunque a decir verdad, solamente importan aquellas posibilidades que, en principio, persuadan de su virtual eficacia emancipatoria[1]. Y no cualesquier posible, por más inédito y habitualmente inaudito que sea aquello que es puesto en existencia.



II.


Los desiertos están llenos de arena; más nunca vacíos.


Partimos de dos campos de referencia (constelaciones de valorización): el archipiélago de los marxismos y las estancias del psicoanálisis. La selección de esas constelaciones no es del todo arbitraria. Entre los marxismos y psicoanálisis realmente existentes, el concurso de sus saberes con eficacia tendencialmente totalista (cristalización reificante), y no otros, son lo que habitualmente dejan poco margen de acción para el despliegue de consignas como “politizar lo inconsciente”. El talante de aventurerismo (inverosimilitud quimérica) que inicialmente podría llegar a portar esa consigna; lo desértico de imágenes que sugerirían su posible concertación situada (puesta en funcionamiento operativo) conlleva mucho de prepotencias tributarias a la sacralización de límites instituidos en cada uno de sus campos de referencia; el embate de sus significaciones dominantes, de las formas históricamente consagradas de vinculación entre marxismos y psicoanálisis. Es menester entonces despejar un poco el terreno para hacer nuevos caminos; oír otras voces.


La puesta en funcionamiento de cierta operatoria de vaciamiento (conjuro desterritorializante) se presenta indispensable.


Parecería difícil, o más bien imposible, imaginar cuánto tienen que ver en esa sacralización la actualidad de los marxismos, y cuánto sería el tributo de la Causa freudiana al día de la fecha. Y en realidad, puede que poco importe. Pero ante la duda…, como siempre: la culpa es de Lacan. Esto no se debe exclusivamente a méritos antaño acumulados por el señor del tapado de visón (en materia de dogmatismos obturantes, los antecedentes abundan en el marxismo), sino por los efectos actuales del dogmatismo impenitente que parecen predestinades a heredar sus discípules. Los espectros de Lacan, sus incidencias dogmáticas y burocratizantes actuales hacen sonar al “Capitán de los Pueblos” (fantasma-Stalin) como un melodrama apologético de las libertades individuales; de la libre iniciativa. En lo que atañe a la consigna, luego de su última gran crisis, en el contexto de las luchas de clases ampliada (diversificación de las clases de luchas emancipatorias), parecería que los marxismos lentamente se han resignado de reclamar para sí el monopolio de las prácticas políticas emancipatorias. Los lacanismos, en cambio, aún se muestran dispuestos a perpetrarse como partido único de lo inconsciente. La desafiliación está siempre a la orden del día ante cualesquier tentativa de desobedecer el canon freudo-lacaniano del millerianismo global (…“Eso no es psicoanálisis”; o en una versión más sofisticada cuando lo primero ya no porta efectos de disciplinamiento: “Eso no tiene nada que ver con lo inconsciente psicoanalítico”, etc.).


El adoctrinamiento como criterio compositivo del campo freudiano no deja de producir sus efectos también a nivel de la imaginación. “Politizar lo inconsciente”, su posible talante de inverosimilitud quimérica, tiene mucho de prepotencias tributarias al inconsciente lacaniano.



III.


De la floritura (aggiornamiento) como procedimiento formal posibilitante/limitante.


Podríamos decir que marxismos y psicoanálisis han solido encontrase, al menos en términos teórico-especulativos, a lo largo del siglo pasado y también en lo que va de este. Como es sabido, la convocatoria al encuentro (extensión desde y hacia su campo de problemas) ha provenido las más de las veces de las filas marxistas. Por caso, tras la pretensión de servirse del mismo para sofisticar su crítica radical de todo lo existente, tomando en consideración los vectores de sujeción inconsciente que involucra el proceso de producción capitalístico. De parte del psicoanálisis, y sobre todo después de Lacan, sigue la moda de los tapa ojeras dogmáticos y burocratizantes. Con arreglo a la promoción de su cosmovisión lenguajera transhistórica, extraterritorial, suprasensible (supralunar), la omnisciencia lacaniana suele obturar prácticamente cualquier posibilidad de entrecruzamiento… Y no solo con los marxismos.


Por lo general, posibilitados bajo la forma consagrada del aggiornamiento (floritura), los encuentros entre marxismos y psicoanálisis lejos están de caracterizarse por haber concertado y/o promovido la creación de nuevos campos de referencia mutantes (sui-referenciales); difícilmente reconocibles en última instancia como tributarios in toto a los marxismos o al psicoanálisis.


Las reverberaciones de la faceta limitante del aggiornamiento no mutacional como forma consagrada del diálogo teórico-especulativo entre Marx y Freud (aunque no lo recomendamos, si se prefiere, entre Freud y Marx), para nada se agotan en el mundo inteligible. En tanto y en cuanto también subtienden a determinar la perpetuación de la disyunción, cuando no la exclusión recíproca, entre los territorios de incumbencia (terminales operativas) instituidas de marxismos y psicoanálisis; entre las formas canónicas de las prácticas políticas revolucionaras y las analíticas situadas de lo inconsciente de cuño psicoanalítico. La consigna “politizar lo inconsciente” parecería dispuesta a desalambrar las limitaciones de ambos criterios compositivos. Es decir, el aggiornamiento no mutacional en el plano teórico-especulativo (homologación; paralelismo euclidiano, etc.) y, sobre todo, la disyunción exclusivista (coorporativa) a nivel de sus terminales operativas.



IV.


A desalambrar… lo inconsciente. En la reserva esquizoanalítica pueden encontrase una gran variedad de consideraciones post-psicoanalíticas sobre lo inconsciente; resultantes en tanto producto mutacional de la inmixión teórico-especulativa entre constelaciones de referencias marxistas, psicoanalíticas, y también de otros dominios críticos. Las cuales han involucrado, desde los momentos mismos de su diseño, referencias extra-librescas en función de los desafíos implicados por el estado de situación de la lucha molecular de clases en general. Y, en particular, ateniendo a los posibles emancipatorios, especialmente micropolíticos, puestos en existencia por los procesos en curso de lucha y organización social y política de militancias y activismos. Presentándose, entre otras cuestiones, la habitual disyunción (exclusión recíproca) de las terminales operativas de marxismos y psicoanálisis como uno de los puntos de imposibilidad a subvertir (tranquera a derribar) por el esquizoanálisis.


La partida de “politizar lo inconsciente” parecería no encontrar terrenos más propicios que la reserva esquizoanalítica.


Es posible encontrar circunstancialmente alguna de dichas consideraciones post-psicoanalíticas en torno a lo inconsciente, atendiendo arbitrariamente a ciertas sugerencias que comparte Suely Rolnik en esa composición polifónica que es el libro Micropolíticas. Por caso, cuando, palabras más palabras menos, nos sugiere considerar a lo inconsciente como el ámbito de producción de los n territorios existenciales del socius; enfatizando de ese modo su posición históricamente específica en inmanencia al Universo social capitalístico (posición abstracta del inconsciente esquizoanalítico). Y al unísono, acentuando su carácter procedural, productivo. Para destacar así, al menos, según nuestra consideración, el involucramiento no opcional -sujeción realmente despótica- de personas y grupos a la dinámica inconsciente de la producción social capitalística. Y, en ese marco, promover entonces prácticas de tramitación de lo inconsciente, dispuestas a contribuir en luchas por la reapropiación territorial emancipatoria de las fuerzas de la innovación liberadas vez a vez por los movimientos de desterritorialización inherentes al pulso de la axiomática capitalística.



V.


Improvisación rapsódica sobre el Deleuze que prologa las guatariadas (variaciones guattarianas) del libro Psicoanálisis y Transversalidad.


…Atendiendo a las consideraciones que presenta la reserva esquizoanalítica, y una vez establecido entonces el entrelazamiento productivo que opera entre Capital e inconsciente en los territorios existenciales del Universo social capitalístico:


1) “politizar lo inconsciente” podría sugerir la necesidad de hacer el tránsito experimental por toda una disciplina de las estratificaciones. Por caso, siguiendo teórico-especulativamente aquellas que operan desde la sujeción infrafísica de la axiomática capitalística (sujeción in-voluntaria) hacia la sugestión codificante del ordenamiento jurídico-político de un (1) Estado-del-Capital inconsciente no cualesquiera (soberanía territorial del estatalismo inconsciente). Precisamente siendo “Eso” segundo lo que opera como sujeto dominante de la codificación inconsciente en el plano macrofísico de un determinado conjunto (extensión) de territorios existenciales en el Universo social capitalístico. Después de todo, cabría imaginar que “Eso Otro” que algunos psicoanálisis dicen que habla, siempre y cuando así suceda, no sería más que vociferación tendencialmente totalitaria de la soberanía territorial de un (1) Estado-inconsciente; opereta de sus incidencias personificantes del Capital-sujeto.


Ese tránsito experimental, aunque con mucho de teórico-especulativo, bien podría persuadir sobre la imposibilidad de sabotear diréctamente la redundancia de la axiomatización capitalística en tanto sujeto infrafísico de la producción social inconsciente. Como hemos dicho, en lo fundamental, al funcionar la misma en un plano infrafísico de la materialidad social; de carácter eminentemente an-significante, an-objetivable (in-objetable), para-personal; aunque no menos saturado de sentido (informado): la auto-valorización del valor. Asimismo, contribuiría tal vez a reforzar el posicionamiento del ámbito de lo inconsciente hacia el interior del teatro de operaciones en dónde se desarrollan los combates por las micropolíticas de la vida cotidiana: el devenir de las vidas (posición situada de lo inconsciente esquizoanalítico).


Si algo de lo anterior contribuye en parte a extraviar de una vez y para siempre el dogma de la extraterritorialidad de lo inconsciente y sus subterfugios, se habrá hecho bastante para el porvenir de ulteriores exploraciones. Es menester mundanizar (hacer aterrizar) lo inconsciente.


2) En torno al “politizar” implicado en la consigna “politizar lo inconsciente”, bien podríamos imaginar asimismo su tentativa de instanciarse territorialmente en el ensayo de politizaciones experimentales situadas (después de todo, de la consigna a la concreción del hecho consignado hay no-todo un trecho). De ser así, “politizaciones de lo inconsciente” podría comenzar a bosquejar campos de referencia relativamente autónomos al deliberar aventurarse tras las opciones que pone en existencia el carácter bi-facético del genitivo (truco que hemos aprendido de nuestras exploraciones furtivas en los condominios de lacanismos). Por ejemplo, y sin ánimos de exhaustividad, avanzando entonces ante el desafío de conjugar situadamente: a) la voluntad de ensayar politizaciones conscientemente medidas con arreglo a fines emancipatorios, dirigidas al ámbito de lo inconsciente (politizar lo inconsciente propiamente dicho); b) el requisito para esto de implementar procedimientos de politización dispuestos en un sentido emancipatorio, los cuales atiendan en su diseño a las especificidad productiva del ámbito de lo inconsciente en el que se pretende intervenir (inconscienciar las politizaciones).


…En otros términos: realmente descartada la posibilidad de desechar y/o denegar sus potencialidades crítico-emancipatorias, ¿qué funciones convienen, si es que hay alguna no convencional (post-voluntarista y post-inconsciencialista), a la reflexión conscientemente medida con arreglo a fines emancipatorios y sus productos en el campo de las politizaciones de lo inconsciente?


3) Es probable que “politizar lo inconsciente” en sus harto grandilocuentes pretensiones de ensayar politizaciones situadas con virtual eficacia emancipatoria no sirva para nada. Y que estas variaciones, al fin y al cabo, sean poco más que un sueño; quizás el periplo de un rato de escritura. La ocasión de meditar un poco… respirar. Lo que igualmente no es poca cosa para los tiempos circunstancialmente contrarrevolucionarios que nos tocan. Estos tiempos en los que, como Paul B. Preciado señala en La izquierda bajo la piel -prólogo del libro Esferas de la insurrección, de Rolnik-, recordando algo que decía Guattari: el respirar se ha vuelto no menos difícil que el conspirar.


[1]En detrimento de su voluntad conclusiva, para estas variaciones las definiciones solo cobran valor situacionalmente por sus destrezas como notas de paso (instancias de relevo siempre en beta)… eficacia emancipatoria = amplificación del campo de decisión deliberación y/o desobediencia de las personas y/o grupos sobre los territorios existenciales que habitan respecto a las redundancias dominantes de las formaciones hegemónicas de poder y sus efectos opresivos que hacen parte integral del nexo societal capitalístico; las cuales, se instancian territorialmente de manera desigual y combinada (interseccional) por motivos clasistas, machistas, heteronorativos, cis-sexistas, capacitistas, cuerdistas, racistas; en conjunto con otros determinantes de opresión y desigualdad, incluso aquellos que serán puestos en visibilidad y combatidos en un futuro como estando “desde siempre ya allí” por los procesos de lucha y organización social y política de militancias y activismos.


*