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Un monstruo vive dentro de mí.

  • hace 4 días
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Crédito de la imagen: Dora Tilli
Crédito de la imagen: Dora Tilli

En este trabajo, desde la escucha de testimonios de infancias y adolescencias vulneradas sexualmente, Romina Turi se detiene en los sentimientos de culpa y angustia que perduran como huellas subjetivas en las victimas, las cuales no responden únicamente a características singulares y particulares de cada quien, sino que remiten a tramas más hondas de la violencia que estructuran nuestra sociedad y nuestra época.



* por Romina Turi


Testimonios infanto- juveniles sobre violencias sexuales


Dicen que no existen, pero yo sé que sí.

Uno vive dentro de mí.


Aparentan ser buenos.

Algunos se hacen llamar

padres, abuelos, cosas así.

Voy a contartes.


Mi monstruo me somete, me humilla.

Me da sus razones para mi obediencia.

Me alimenta, me cuida y me castiga.

Lo hace por mi bien, dice.


Me cuenta historias y profecías.

Vaticina destinos catastróficos

a causa de desobediencia.

Yo intento hablarle, quiero que se vaya.

Pero no oye.


Un día escupo

toda su rabia.

Su ferocidad.


Mi lengua se estrangula.

Mi cuerpo,

territorio en disputa,

suda, enferma.


Cumple su condena,

Culpa y angustia.




El momento de quien escribe no es el mismo de quien lee. Cuando se encuentren con estas líneas, éstas ya habrán sido escritas en una fecha diferente a la de hoy. El hecho de que en Argentina han ocurrido ocho feminicidios en cinco días posiblemente se trate ya de una “noticia vieja”, tanto como la palabra televisada de uno de los femicidas diciendo haber hecho “Justicia” o de la Ministra de Seguridad de la Nación Patricia Bullrich refiriéndose a las víctimas, para decir que son quienes provocan esas reacciones.

La narrativa patriarcal -y sus acciones más espeluznantes- existe y continúa contorneando, perforando, nuestras subjetividades. Lo que no cambia aunque pasen los meses, es la época en la que vivimos. Por eso continúa resultando urgente implicarnos, asumir los riesgos de la interpelación. No mirar para otro lado, opinar livianamente, precipitadamente. En todo caso, sí, comenzar a buscar alguna respuesta ética y colectiva frente a esta realidad.

Decido comenzar desde aquí, para ir adentrándonos en el mundo de las infancias- adolescencias que sufren violencias sexuales y los sentimientos de culpa y angustia que le son correlativos, marcas subjetivas que las víctimas cargan y que aquí me importa seguir dilucidando. No se trata de marcas que respondan únicamente a características individuales/singulares de cada sujeto, sino a estructuras más elementales de la violencia, que actualmente reverberan con impunidad, sin velo, sin pausa, en toda la sociedad.      

Tomando palabras de Rita Regato “El patriarcado es, así, no solamente la organización de los estatus relativos de los miembros del grupo familiar de todas las culturas y de todas las épocas documentadas, sino de la propia organización del campo simbólico en esta larga prehistoria de la humanidad de la cual nuestro tiempo aún forma parte. Una estructura que fija y retiene los símbolos por detrás de la inmensa variedad de los tipos de organización familiar y uniones conyugales”. [1]

Byung-Chul Han en su libro “Topología de la Violencia” nos dice “La violencia directa opera como insignia de poder. En este caso, la violencia no se oculta. Se hace visible y se manifiesta. No tiene ningún tipo de pudor. No es muda ni se muestra medio desnuda, sino elocuente y sustancial. Tanto en las culturas arcaicas como entre los antiguos, la puesta en escena de la violencia es un elemento central y constitutivo de la comunicación social”. [2] 

Si nos valemos de estos pensamientos para referirnos a las violencias sexuales contra infancias y adolescencias, seguramente causaremos en ustedes, lectores, pavor. Las violencias sexuales contra niñas, niños y adolescentes suelen ocurrir en contextos de violencia de género, al interior de esas tramas violentas.  Tempranamente incorporan y naturalizan roles de género en la dinámica familiar, donde el hombre es quien ejerce el control a través de la violencia y la mujer quien acata, tolera, o inclusive es la “responsable” de generar ese accionar. De esta manera, la misma operatoria funciona en las violencias sexuales intrafamiliares perpetradas contra las infancias-adolescencias por parte de padres, abuelos, padrastros, etc.

A nivel mundial inclusive, existen organizaciones de pedofilia que buscan legitimarla como una elección sexual y desvirtuarla de su estatuto delictivo, intentando incorporar sus reclamos dentro de la agenda LGBTQI+ por ejemplo, proponiendo en sus argumentos además autorizar la pornografía infantil, como dejar sin efecto la ley de edad mínima de consentimiento sexual, entre otros. En Argentina, el Código Penal establece como edad mínima los 13 años. Sobre esto y mucho más nos cuenta y desarrolla la Dra. Bettina Calvi en su libro “Los sonidos del Silencio en el Abuso. Lecturas clínicas con niñas y niños”, del cual recomiendo su lectura.




Sobre lo monstruoso


"Supe cuando vi su mano enorme apoyarse sobre

la manija helada que una pesadilla estaba a punto de suceder.

Acabé en su mano.

Tenía once años."


Albertina Carri.


Toda violencia sexual infanto-juvenil es salvaje. Se trata de un accionar desubjetivante, llevado a cabo por un adulto de manera premeditada, paulatina y encubierta, con el fin de que ese sujeto: niña, niño, adolescente participe de acciones sexuales impuestas, que su psiquismo aún no puede comprender, y tampoco rechazar. Sucede en el marco de una relación asimétrica, desventajosa, de dominio y no solo abusiva, en términos sexuales, sino también en términos de poder.  Pretende un aleccionamiento.

Salvajismo que en su modus operandi hace sentir al sujeto cómplice de un trauma intolerable. En palabras de Gabriela Insua “se trata de un suceso que impacta sobre el sujeto, con un quantum de energía imposible de ligar y con una característica fundamental que define al acontecimiento traumático: la sorpresa”, “esta característica disruptiva de sorpresa y energía excesiva para el aparato psíquico, produce, en éste, un boquete, un agujero, una nada de significación[3] permaneciendo muchas veces -el agregado es mío- como vestigios de lo vivido, culpa y angustia.

Quienes intervenimos como oyentes, acompañando sus testimonios en la Justicia, sabemos que la posibilidad de que tomen la palabra implica un trabajo de reconstrucción, de historización, el cual indefectiblemente estará atravesado por el impacto que esas vivencias traumáticas produjeron y que suelen reactivarse al momento de su declaración. Podríamos decir, que la experiencia de verbalización de las violencias sexuales sufridas las ubica en la difícil tarea de nombrar lo inconfesable. De ponerle voz, letra, cuerpo, al maniobrar siniestro que puede habitar en la institución familiar, Albertina Carri en el Libro “Sobre lo que Aprendí de las Bestias” lo define de un modo que me parece preciso: “Familia es un concepto de una complejidad inexorable, que a veces representa formas del afecto y otras tan solo una organización económica del mundo, o una disposición exquisita para la depredación y la destrucción de lo singular”. [4]

Ser testigos de sí mismos es la tarea que les espera en el ámbito judicial. Testimoniar el desamparo, dar cuenta de la indefensión, del sometimiento al cual fueron empujados frente a un otro que escucha, puede convertirse en una tarea imposible. Pues se trata así, sin más, de narrar lo incestuoso.

Hallar las palabras, el modo de nombrar la fractura, el quiebre subjetivo y degradante de lo vivido requiere franquear los mecanismos defensivos operantes que le han permitido soportar lo vivido.  Como bien lo explica y desarrolla Mariana Wikinski “el aparato psíquico hará todo lo que esté a su alcance para que lo traumático no se inscriba, para transformar lo heterogéneo en homogéneo. Pero, como en una cinta de Moebius, lo traumático será el modo en que al interior del aparato quedará inscripto aquello externo ocurrido. Lo inscripto no será ni definidamente interno, ni definidamente externo”. [5]

Culpa y angustia se entremezclan en los testimonios, interfiriendo toda narrativa o para ser más precisa, constituyendo la narrativa.  Dar cuenta de esas experiencias traumáticas los confronta con los dichos de sus agresores, quienes les han hecho creer que consintieron su participación, que lo buscaron o causaron. Silvia Bleichmar en su libro “Vergüenza, culpa, pudor: relaciones entre la psicopatología, la ética y la sexualidadnos dice “lograr que aquel que es abusado se quiebre de tal manera que confiese que eso es lo que desea”, “Las técnicas de seducción son técnicas de captura y de alienación intrapsíquica[6].


Carla tiene 13 años y fue abusada sexualmente por su padrastro durante tres.  Su madre trabajaba de noche y descubrió lo que ocurría una vez que llegó antes a su casa.

Su testimonio estuvo invadido de silencio, su mirada clavada al piso. Reiteraba que le incomodaba hablar frente a otra persona. Se propició el tiempo necesario, también para el silencio.

Hacia el final de su declaración dice: “Yo me enamoré de él, nos escribíamos cartas y me decía que me iba a esperar. Que nos íbamos a casar y que no le cuente a mi mamá. Que lo que él me hacía es amor y tenía que aprender cómo amarlo.  Nunca un chico me había dicho eso. Yo quise. …” Brota la angustia, inundando toda su narrativa.  Repite que le incomoda seguir hablando. Abordamos esa incomodidad, volvimos juntas a sus 10 años, sobre cómo eran sus cartas a diferencia de las de él.

Luego continúa: “Él me hacía mirar videos y me decía que así lo tenía que hacer. Yo a veces no quería, pero él insistía, me molestaba para que lo hiciera. Yo era su reina, decía.  Ahora mi mamá está muy mal por mí.”


Dori Laud al referirse a la posición del que escucha dice “la tarea del que escucha es estar, sin hacer obstrucción, presente a todo lo largo del testimonio; incluso cuando, en algunos momentos, el narrador se ausenta en un estado casi de desapego. El que escucha debe responder muy sutilmente a las palabras del narrador cuando él, o ella, quiere volver a retomar el contacto...”, “de manera paradojal, el entrevistador no debe ser intrusivo, ni directivo, aunque extremadamente presente y activo para llevar la entrevista[7].

La escucha de lo traumático, nos convierte de alguna manera en parte del mismo, el sujeto da testimonio de lo acontecido como nunca antes lo ha hecho, alcanzando así su total existencia.  Poniendo en acto sus propios conflictos y batallas, produciendo en su decir un saber y un conocimiento de lo ocurrido. Esa tarea le compete enteramente, su lugar es intransferible. No hay quien dé testimonio por él y nosotros somos en ese mismo acto, testigos de eso.


Mirasol tiene 15 años, fue abusada sexualmente por su cuñado y el hermano de éste.

Tenía una dolencia ginecológica y la indujeron a un ritual umbanda que comenzó en su casa, hasta que la trasladaron a otro domicilio donde ambos la violaron. Su testimonio estuvo cargado de angustia, relata con detalle su dolor físico y la vergüenza como asco que siente sobre su propio cuerpo, tornándose agresiva para luego ingresar en un largo silencio.  Al volver dice: “Me siento una puta, buscona, por qué dije que me curen, a veces siento que merezco lo que me pasó. Por qué no dejé que me maten, antes que esto. Yo no creo en esa religión, pero aún no me curo. No dejé que terminen el trabajo. Siento que vive un monstruo dentro de mí”

Culpa y angustia hacen interferencia en el decir, el quiebre subjetivo alcanzó su ser. Los agresores continúan operando dentro de sí, dañando al yo en sus bases. Aun así Mirasol testimonia, lucha con palabras y denuncia el arrebato, el arrasamiento. Entra y sale del silencio, exilio que le promete resguardo y a la vez condena: lo bestial habita allí.

El monstruo se alimenta, somete, no está dispuesto a ceder en su ferocidad, ni renunciar a su crueldad.




Testimoniar el arrasamiento (lo traumático)


“y las palabras que formaban eran palpables, audibles y

 comestibles pero impronunciables:

no eran letras sino sensaciones,

no eran sensaciones sino transfiguraciones”

Octavio Paz.


Las infancias y adolescencias son desterradas con violencia de su lugar de sujeto, de la posibilidad de hablar en nombre propio. Quien era hasta antes de ocurrido el acontecimiento traumático, ya no es. Esto lo podemos encontrar en muchos de los testimonios y también en la imposibilidad de testimoniar. Subsumidos bajo los efectos desorganizantes y sintomáticos de lo vivido, en un estado de permanente indefensión y confusión, culpa y angustia hacen de las suyas funcionando como tope y dique frente al relato de lo inenarrable.  

Tomar la palabra a-rriesgo de no reconocerse, indirectamente, podrá surgir algún efecto otro, alguna posibilidad de nominación y en ese mismo acto, salir de esa alienación. Recuperar algo de ese lugar de sujeto: “Si el monstruo no se va, yo me iré de él”.

Salir de la alienación intrapsíquica, no es una tarea solitaria. Requiere de una alteridad, que sea soporte y testigo de su verdad, como bien refiere Gabriela Insua citando palabras de Francoise Davoine “el trauma habla si hay alguien que quiera escuchar” y agrega “ir hacia el sujeto que acude a nosotros, analistas, con la posición ética de no responder desde el dogma, sino por el contrario, sostener la invención de un dispositivo que aloje…[8].

En el ámbito forense-judicial el uso de protocolos de validación para la toma de testimonios, diría más bien el abuso en el uso de los mismos, en la medida que no contemplan nociones vinculadas a aspectos metapsicológicos ni los posibles efectos frente al relato de acontecimientos de esta magnitud, resultan obsoletos y a veces dañosos, tanto como todo intento de incluirlos en lecturas interpretativas en términos psicoanalíticos. La posición a la cual adscribo va más orientada a un “psicoanálisis al revés”, fundamental para pensar nuestra praxis frente a la escucha de lo traumático, “en el acontecimiento traumático, el sujeto no se reconoce, es extimio, extraño e inubicable. Sonido permanente, presente perpetuo[9].


En entrevista testimonial con Amelí de 10 años, quien fue abusada sexualmente por su padre, detenido anteriormente por pegarle a su madre:

"- Y ahora, ¿cómo estás?

- No puedo dormir mucho, por las pesadillas. Eso que hacía pasaba de noche. Al principio dudaba si era un sueño, mucho tiempo me convencí de que sí. Yo dormía solo con remeras. Después, empecé a dormirme vestida. Y él de día buscaba cualquier cosa para retarme y pegarme, pero era porque no había hecho lo que él quería. Hay cosas que las quise borrar tanto tanto, que no me acuerdo.

- ¿Cómo cuáles?

- Son sensaciones, el olor de la mano y esa uña larga... de cuando fumaba. Pero no todo lo que pasaba. Me dan ganas de vomitar. A veces siento una presencia en la punta de mi cama, al principio no me animaba a abrir los ojos, transpiraba el cuerpo y me acordaba de todo lo que hacía, pero lo hablé con mi psicóloga. Él ya se fue de la casa, así que ahora me animo a abrir los ojos, y ahí veo que no está.”


¿Cómo esperar un relato coherente y ordenado de lo vivido, como si se tratase de un suceso lineal posible de ubicar en un tiempo y espacio delimitado, de manera prolija, clara, sin alteraciones, cuando todo su ser ha sido arrebatado, sacado de toda posibilidad de experiencia? ¿Cómo esperar incluirlo en una lectura fantasmal, cuando no ha logrado inscripción psíquica alguna? Lo que podemos hallar son vestigios de lo vivido, lo que ese vivenciar dejó, trazas de lo traumático.

Podemos encontrar en otros casos también indicios presentes en la tonalidad narrativa, que nos advierten como aún continúa operando la captación del agresor, cierto efecto de fascinación por parte de quien relata lo vivido.

Enzo comienza diciendo: “Él se fue ganando mi confianza. Lo conocí junto a su esposa, me alcanzaban en el auto hasta el barrio, así no caminaba solo por la ruta. Es algo común que pasa en el barrio, que algún vecino te alcance. Se presentó con mi mamá, mis hermanas, me dio trabajo. Me decía que lo hacía acordar a cuando era chico, porque él es huérfano, y mi papá se murió. Que yo era como su hijo. Me dio trabajo en la costura y ahí empezó.  Me contaba de repente que una chica de mi misma edad lo perseguía y él se la llevaba en el auto para que lo bese ahí abajo. Después cargadas, de bajar los pantalones, de tocar de prepo, como un chiste. Pero cuando fue pasando el tiempo, me preguntaba si lo quería, y que tenía que hacer cosas por él. Es como si yo fuese suyo, me trataba así.  Yo me sentí especial primero, pero después no.  Cuando paso lo de la violación, ya no quise ir nunca más. Me mandaba mensajes que si no volvía le iba a decir a mi mamá y no quiera que se entere, que me rete.  Es muy raro, yo no sé por qué lo hice, por qué iba, pero él me retaba y después me trataba bien, me confundía. Y esto que te voy a contar está muy mal, porque yo tenía novia cuando pasaba.  Esto se supo porque lo descubrió su señora. Él me hacía un gesto con la cabeza para que lo niegue, pero dije la verdad. Ya no aguantaba más.

Doctora, dígame la verdad Ud. ¿es culpa mía? Porque cuando estoy solo, yo me pregunto por qué me pasó a mí, si soy malo.”


Anne Dofourmantelle en su bellísimo libro “Elogio del riesgo” al referirse a la esclavitud voluntaria y desobediencia nos dice “Desobedecer es uno de los mayores riesgos…Allí donde la resignación es exigida, aún es posible, no moderar, no argumentar, sino simplemente optar por un no”. [10]



Desarma y sangra, reza la canción


Huérfanos de una palabra,

sufren en su propia carne un duelo imposible de efectivizar

Jacques Hassoun.



El momento de quien escribe, puede no coincidir con el de su conclusión. La escritura es materialidad viva.

La presidenta de México fue abusada sexualmente mientras hacía un recorrido, rodeada de personal de seguridad, frente a cámaras televisivas y muchísima gente a su alrededor. Y aun así. Una mujer jubilada, es asesinada en el Conurbano Bonaerense mientras se encontraba en su casa, la cual se halló intacta. Su hija llora con desconsuelo, cruel arrebato. Me cuenta el desgarro.   

 Claudia Sheinbaum Pardo, más tarde tomará la palabra para referirse a la denuncia sobre lo vivido. Dijo que, si ella no realizará tal acción, negaría lo ocurrido. Además, reflexionó sobre qué mensaje daría a la sociedad frente a un delito cometido con frecuencia contra tantas mujeres, en qué estado de desamparo quedamos todas: “No debe ocurrir. Nuestro espacio personal nadie lo puede vulnerar. Nadie ", concluyó.   Hay esperanza aún, pienso.

Los develamientos de las violencias sufridas, suelen producir frecuentemente reacciones de descreimiento, no solo a nivel familiar, sino también a nivel jurídico como a nivel social. La renegación de lo acontecido, en términos de Francoise Davoine: la “renegación del otro social” el cual tiene su correlato con la desmentida en términos freudianos, produce efectos devastadores en las víctimas, quienes muchas veces apelan a retractarse de sus dichos, quedando para siempre inscriptas en ellas las huellas de la culpa y la angustia.

En una sociedad en la cual el tiempo de la reflexión y los medios discursivos que la posibilitan disminuyen día a día, la violencia aumenta a un ritmo proporcional”, expresa Rita Segato [11]. Los ojos de las infancias y adolescencias nos observan, absorben, van incorporando este mundo que habitan, que habitamos y que les donamos. Intervenir es urgente.


“- Mi mamá y mucha gente me dice que esto que me pasó es abuso sexual, pero para mí no es así.

- ¿Qué te parece si me contás qué pasó y después vemos si eso puede ser nombrado de alguna manera, si hay algún nombre? A mí me interesa escucharte.

- Si él hubiese sido malo, me hubiese dejado embarazada, como sale en la televisión. Pero él se cuidaba para que yo no tuviera un bebé.”


Dos años después en el marco del debate oral y público, nos volvemos a encontrar.

Estefania dice: Yo en ese momento estaba como atrapada por lo que él me decía,

pero después me dí cuenta de que un padre no hace eso. Que él me manipulaba para que yo hiciera lo que él quería. Me arruinó mi infancia, me quedé sin papá para siempre”.



Notas

[1] Segato, R. (2010).“Las Estructuras Elementales de la Violencia: ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos”. Buenos Aires. Prometeo Libros.

[2]  Byung-Chul Han (2016). “Topología de la Violencia”. Buenos Aires. Hender.

[3] Insua G. y Equipo de Abordaje del Acontecimiento Traumático de Centro Dos. (2021). “Lo Indecible. Clínica de lo Traumático”. Buenos Aires.Letra Viva.

[4] Carri. A. (2023).“Lo que Aprendí de las Bestias”. Buenos Aires. Random House.

[5] Wikinski, M. (2016)“El trabajo del testigo: testimonio y experiencia traumática”. Buenos Aires. La Cebra.

[6] Bleichmar, S. (2019).“Vergüenza, culpa, pudor. Relaciones entre la psicopatología, la ética y la sexualidad”. Buenos Aires. Paidos.

[7] Davoine, F. (2013). Clínica de lo Extremo. Entrevista  con Dori Laub. Escrito publicado en Le Coq-Héron nº 214, Érès, Paris, 2013.

[8, 9] Insua G. y Equipo de Abordaje del Acontecimiento Traumático de Centro Dos. (2021). “Lo Indecible. Clínica de lo Traumático”. Buenos Aires.Letra Viva.

[10]  Dufourmantelle,A.(2019) “Elogio del riesgo”. Buenos Aires. Nocturna Editora.

[11] Segato, R. (2010).“Las Estructuras Elementales de la Violencia: ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos”. Buenos Aires. Prometeo Libros.


Bibliografía

- Bleichmar, S. (2019).“Vergüenza, culpa, pudor. Relaciones entre la psicopatología, la ética y la sexualidad”. Buenos Aires. Paidos.

- Byung-Chul Han (2016). “Topología de la Violencia”. Buenos Aires. Hender.

 -“Calvi, B. (2020). “Los sonidos del Silencio en el Abuso: lecturas clínicas con niñas y niños”. Buenos Aires. Lugar Editorial.

 -Carri, A (2023). “Lo que Aprendí de las Bestias”. Buenos Aires. Random House.

- Davoine F.y  Gaudilliere J.M. (2011) “Historia y Trauma, Las Locuras de las Guerras”. Buenos Aires. Editorial Fondo de Cultura Económica Argentina.

- Davoine F.y  Gaudilliere J.M. (1994) Seminario: “Locura y Lazo Social”. Buenos Aires.

-Davoine F. (2013).“Clínica de lo Extremo. Entrevista  con Dori Laud. Escrito publicado en Le Coq-Héron nº 214, Érès, Paris.

-Davoine F. y Gaudilliere J.M (1998)“Seminario El Discurso Analítico del Trauma”. Ministerio de Salud- Dirección de Salud Mental. Programa de Salud del Veterano Bonaerense.

- Dufourmantelle,A. (2019) “Elogio del Riesgo”Buenos Aires. Nocturna Editora.

-Feldman,L.(2020). La Narración como acto político. Buenos Aires. Lobo Suelto.

- Feldman, L. (2022-2025). El Coraje de Narrar: Seminario- Taller de materiales clínicos y  experiencias institucionales. Buenos Aires, Campus virtual Diversidad y derechos.

- Hassoun, J. (1996).“Los Contrabandistas de la Memoria”. Buenos Aires. Editorial de la Flor.

- Insua G. y Equipo de Abordaje del Acontecimiento Traumático de Centro Dos.(2021) “Lo Indecible: Clínica con lo Traumático”. Buenos Aires.Letra Viva.

- Paz O. (2017). “Octavio Paz  1914-1998”. Batiscafo, S.L y Prisanoticias Colecciones.

 - Soler, C. (1998).Conferencia “El Trauma”  pronunciada en el Hospital Álvarez , el l5 de diciembre. Buenos Aires.

- Segato, R. (2010).“Las Estructuras Elementales de la Violencia: ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos”. Buenos Aires. Prometeo Libros.

- Wikinski, M.  (2016)“El trabajo del testigo: testimonio y experiencia traumática”. Buenos Aires. La Cebra.


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