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Sobre la Modernidad y sus incómodos disfraces.





En este décimo trabajo del dossier "Psicoanálisis y modernidad", Agustina Saubidet B. explora modos comunes de lo político (y de hacer política) en los mecanismos discursivos y culturales de nuestros tiempos.

* por Agustina Saubidet B.



Cansa cuando de frases se hacen conceptos que se repiten y se repiten justificando vaya a saber uno qué. ¿Ausencia de deseo por incomodarse en decir algo propio? Es eso, no se animan a volver extranjera la propia lengua, crear otra forma de decir que diga algo de eso que aún no tiene forma.

Crear en nombre propio, no en nombre del padre, no utilizando la obra ajena para de eso hacerse un nombre propio. Falsas copias de guantes perfumados.

Modos comunes de lo político.

De cierta forma de hacer política. También.


La mentira que se cree porque uno se sabe ignorante en la materia. Y el canalla hace de esa ignorancia la oportunidad para ejercer su poder.

Una de las frases que siempre me dijeron: “Vos, chiquita, callate, y no preguntes, ni sepas tanto”. “Las mujeres estamos para recordarles a los hombres lo que se olvidan”. Tardé mucho tiempo en salir de tal ignorancia y una vez que salí, es poco habitual que no gruña.

Me da la sensación de que, desde hace un buen tiempo, “el” psicoanálisis se cansó de pensar y la Pandemia les vino bien para renovar la agenda de temas sin tener que moverse mucho.

Lo real siempre llega antes.

¿En qué se parece una muerte a otra?

Una muerte no se parece a nada


A las analistas, en general, las noto bastante dormidas, muchas ya acomodadas. Otras, las rebeldes de siempre, las inteligentes, sensibles y lectoras que no se cansan de decir lo que se les canta, y yo las aplaudo de pie, parada arriba de una silla.

Al resto, que son casi todas, las noto muy reactivas a reconocerse oprimidas, al mundo triste que nos toca vivir, al igual que la mayoría de las masculinidades proletarias, que siguen a sus jefes para garantizarse un lugar que si no, no tendrían. Claro también está la población gay masculina hegemónica que sigue inflando sus músculos y siendo cada vez más misógina y resentida. A veces se acercan más a niñxs burgueses caprichosxs o a esposas sometidas o madres perversas.

¿Qué mecanismos discursivos y culturales hacen que se produzca el sometimiento y una relación de poder se establezca entre dos cuerpos, entre dos seres vivos, determinando lugares muy particulares, en donde se puede ser gozado al mismo tiempo que de eso se goza?

¡En qué locura nos metimos!


¿Por qué una mujer se enamoraría de un facho? ¿por qué alguien “amaría” a quien le hace mal? ¿qué beneficio saca de ahí y cuál es su costo?

Trabajar para Dios nunca fue un buen negocio y eso lo supimos gracias a la modernidad nietzscheana. Pero el medioevo subsiste en sus formas más extrañas, ¿por qué el psicoanálisis estaría exento de esto?

Recuerdo la conferencia de Preciado de Paris, en la École de la Cause Freudienne, el tema para ese año Mujeres en Psicoanálisis, allí dice:

“Ustedes organizan un encuentro para hablar de las mujeres en psicoanálisis en 2019 como si todavía estuviéramos en 1917, y como si ese tipo particular de animal, que ustedes llaman de forma condescendiente y naturalizada “mujer”, no tuviera siempre un reconocimiento pleno en tanto que sujeto político; como si ella fuera un anexo o una nota en pie de página, una criatura extraña y exótica entre las flores, sobre la cual hay que reflexionar de tanto en tanto, en un coloquio en mesa redonda. Más bien, habría que organizar un encuentro sobre hombres blancos heterosexuales y burgueses, en psicoanálisis.”


Un alegre feminismo, bien acompañado, se acerca a lo machirulo para develarlo en sus formas más sutiles. Se lo puede querer de todas formas, no siempre es tan fácil vivir fuera del patriarcado pues eso implicaría poner en riesgo ciertas herencias y privilegios, que también sostienen identidades. “Las ventajas de pertenecer a alguien”. Lo cual no deja de ser un problema.

¿Quién conserva el poder sobre los cuerpos

cuando la exogamia no se habilita?


Cuando una mujer se encuentra libre, sin padre, ni patrón, ni marido, ni hermano mayor el mundo se presenta mucho más hostil, la violencia y el abuso están más a la mano y las mujeres pares no siempre tienden una mano, sobre todo sin son burguesas. Sobre todo, si están resentidas, sobre todo cuando no quieren saber nada con lo real del sistema.


¿Quién lleva esto a un análisis?

¿Quién piensa esto como una política de goce?


Lo matriarcal no es el reverso del patriarcado, ni su reservo y eso también vuelve al tejido social en lo que respecta a las relaciones de poder, mucho más complejo y por eso, a veces, invisible, sobre todo, gracias al capitalismo.

Toda mujer adora a un fascista, decía Sylvia Plath. Tenemos, entonces, que pensar, ¿qué de lo masculino, que se inscribe vía el discurso, hay en nosotras, sobre todo en los modos burgueses de usufructuar de los privilegios masculinos, lo que nos adormece, lo que nos acomoda, lo que nos silencia, lo que nos olvida, porque eso es lo que nos entrampa mucho.

Del mismo modo, habría que preguntarse, porqué un joven proletario vota la derecha más reaccionaria. ¿Por qué frente a la desesperanza elegimos una nueva tiranía? Desde Sócrates no se inventó mejor opción.

La hegemonía, los privilegios, las herencias, los bienes no vienen solos, no se sostienen en mármoles eternos, entonces hay que estar dispuestas a hacer del busto también una cabeza.

Las escuelas de psicoanálisis cargan algunas herencias, y cual griegas y platónicas, sostienen al padre de la verdad bíblica y alrededor de ellos montones de altares que rezan femeninos…


Cuando hablan de la verdad me hacen reír, y me vuelvo nietzscheana en esa carcajada, ¿dale, en serio?

Hablar de capitalismo queda bien, en ciertos sectores y en ciertos momentos, aunque de análisis de la plusvalía, poco.

La plusvalía capitalista se inscribe vía los discursos y las prácticas, los discursos son significantes ordenados de determinada manera, lo que modifica sus modos, sus efectos y sus prácticas. Una cosa es el efecto de un fonema, otra cosa es el efecto del significante y otra cosa es el del discurso.

Sutilezas clínicas, me dirás.

Esenciales, te contentaré.

Todos generan plusvalía, pero de diferentes formas.

¡Yo acá estoy hablando de los modos del plus de gozar

que se ligan al capitalismo!

Bueno, no te enojes.

Me indigno, que es distinto.

“La indignación es un odio hacia alguno que hace mal a otro” Spinoza


Un fenómeno de época que noto en el consultorio es que la neurosis obsesiva en las mujeres heterocis cobra el valor de duplicadora de espacio. La pérdida no se inscribe y con esto, la duda-deuda, se eterniza. El otro debe ser como yo mando. Una tiranía caprichosa. ¿por qué un hombre se enamoraría de la niña caprichosa?

Bueno, también está Tirano Doméstico de Neurosis Obsesiva, cuadro clínico que nació a la par de la histeria, es decir con la consolidación del capitalismo y de estos hay un montón. El patrón que le exige a la mujer.

Lo interesante es que esta relación de explotación también se repite en los homosexuales y en las lesbianas, en la población trans., en todos, no siempre, no en todas.

En lo que a su fuerza respecta, ¿en qué repercuten las formas de nominaciones de los cuerpos?


El problema no está ni las nominaciones, ni la identidad, ni la elección, el problema está en las relaciones de poder que establece.

Es que no lo ven ¿o se hacen los giles?

¿Qué quiere una mujer?


Dale, en serio

¿y qué quiere un hombre?


Lo mismo.

Hacerse los giles


“Ser libre es no tener miedo”

NINA SIMONE



Una de las cosas que el capitalismo produce es la enajenación no solo del sujeto que produce, sino de la necesidad y con esto, posiblemente la desorientación del deseo.

El deseo es un paisaje, no una cosa, por eso se maneja componiendo con objetos parciales. De ahí el carácter mitopoiético.

¿Mito qué?

Mitocondrias


El problema es que ahora es el mercado el que determina la necesidad, o al menos eso vende.

Y nos compramos


En las clases altas, semantizadas altas, se observan en las masculinidades heterocis o más bien en los cuerpos semantizados como varones, que el deseo queda dividido entre la necesidad de sostener al sistema (hombres y mujeres) y por el otro, lo artístico, aunque oculto, aunque de entre casa. Claro, ser artista no da dinero, salvo que seas muy talentoso y trabajes un montón en eso. A veces creen que lo artístico implica hacerse un nombre en el mercado por imposición de marca y no por laburo. El apellido es una marca vuelta bien de herencia a usufructuar.

Esto, muchas veces, produce una clara desorientación en el deseo y una duplicación imaginaria, es decir, corporal de muchos aspectos de la vida. Pero el cuerpo no se predispone igual para cada rol.

Seamos honestos, lo artístico pierde frente al deber de mantener una familia y mantenerse económicamente en cierto status social. A veces esto también ocurre con las madres que mantienen sus hogares. A veces eso ocurre con los profesores universitarios, hasta que en un momento decidimos dejar de sostener al sistema porque sí.

A veces hay madres que no dejan que sus hijos se vayan. Son esas mujeres que “le dan todo” para que “no le falte nada” y el hijo, hija, hije queda ahí retenido ya sea como tirano, como sacerdote o como esclavo, da igual. Está encerradx.

El deseo no acompaña un movimiento que no quiere darse.

Bajo esta línea de comodidad burguesa, están los varones, entre 21 y 50 años, que viven del dinero de sus padres. Es decir, abandona su lugar activo para producir plusvalía para el sistema, pero vive de la plata de la familia. Es decir, no termina de abandonar sus privilegios ni de ser consciente de su lugar social. “Gusta de la libertad, pero sin costo”. No paga ningún costo por la castración, diría San Lacan. Versículo n-1.

Nadie se pregunta por los modos masculinos de hacer política. Prefieren hablar de Dora cómo la histérica.

Claro que las mujeres tampoco estamos exentas, de los modos masculinos y femeninos de autoexplotación para formar parte del sistema, como tampoco estamos eximidas del ejercicio del poder y su mayor crueldad.


Cuando los psicoanálisis hegemónicos caen en la trampa de hablar de lo identitario y pelearse eternamente con lo queer, lo trans, lo no binario, como si las nominaciones fueran abstracciones caprichosas que no formaran parte del capitalismo, evitan pensarse. Evitan siempre encarar el problema de las relaciones de poder.

Para conocer la propia lengua hay que habitar otros poisajes

Ay, si lográramos virar la pregunta…


se ampliaría la lectura clínica del goce y del plus-de-gozar.

Sí, pero eso implicaría desarmar las políticas de goce masculinas que pueblan las líneas hegemónicas de las escuelas de psicoanálisis, y de las universidades, y de los ejércitos y de la familia, y de los patrones… y de soltar privilegios ni noticias,

de ningún género.

Tristeza não tem fim


PD: He advertido que el sonido de las palabras comunes contiene líneas semióticas que invisibilizan lo que considero necesario visibilizar. De aquí en más llamaré entonces a las políticas de goce masculinas: modos papa (como el tubérculo, conservadores, reservantes) y a los modos femeninos los llamaré modos mandarina (por lo expansivo de sus gajos y semillas). Aunque siendo nietzscheana por naturaleza y opción, diría: modos reactivos (tiranos, sacerdotes y esclavos conservadores) y modos activos (creadores, diseminadores, deshilachados, mitocondrióticos).

Pero eso será para otro momento, cuando tenga más tiempo, cuando no tenga que atender pacientes, ni corregir parciales, ni armar supervisiones ni escribir la tesis, ni ir a la verdulería y lavar la ropa y ordenar la casa, y dar un curso virtual para Manila porque no llego a fin de mes, y la inflación y la UBA que no pagó…y…


Quelle pomme de merde


Agustina Saubidet B.



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